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Masonería y socialismo
Masonería y socialismo
Salvador
Allende
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Serenísimo Gran Maestro de la Gran Logia de Colombia, QQ:.HH:. integrantes del
Supremo Consejo, Altos Dignatarios de la Orden, QQ:.HH:. todos: Pienso, mirando
hacia el comienzo de mi vida, y aún joven, que no recibí con facilidad el
derecho de ser miembro de la Gran Logia de Chile, porque había sido un
estudiante rebelde. Y si golpeé las puertas de la Resp:. Log:. Progreso # 4 de
Valparaíso, lo hice con la profunda convicción y teniendo el acervo de los
principios masónicos inculcados en mi hogar y en el hogar de mi padre.
El Q:.H:. Ramón Allende Padilla Huelvo, fue Serenísimo Gran Maestro de la
Gran Logia de Chile y fundador de la Logia cuyas puertas se abrieron para mí
en Valparaíso, siendo la segunda Logia en el país. Tenía plena conciencia de
que la Orden no es ni una secta, ni es un partido. Que al desbastar el hombre
la piedra bruta, se preparará para actuar en el mundo profano y es obligación
de los masones actuar en él sobre las bases de los principios permanentes de
la masonería.
Por eso no diré para agradecer, porque me parece que ese es un término
impropio entre HH:. , sino para testimoniar el contenido generoso de las
palabras del Soberano Gran Comendador y del Serenísimo Gran Maestro para un
hermano que tengo que recordar también la noche de mi Iniciación, cuando oí
por vez primera, en el ritual, que los hombres sin principios y sin ideas
arraigadas, son como las embarcaciones que roto su timón, se estrellan contra
los arrecifes. También supe que en nuestra Orden no había ni jerarquías
sociales ni fortunas.
Por eso desde el primer instante se fortaleció mi convicción de que los
principios de la Orden, proyectados al mundo profano, podían y debían
significar una contribución al gran proceso renovador y bullente, que buscan
los pueblos en todo el orbe y, sobre todo, los pueblos de este Continente cuya
dependencia política y económica acentúa la tragedia dolorosa de los países
en vía de desarrollo. Por eso, teniendo la seguridad de que la tolerancia es
una de las virtudes más profundas y sólidas, a lo largo de mi vida masónica,
que alcanza ya a los 33 años, planteé en las planchas masónicas en las
diversas Logias de mi patria la seguridad, cierta para mí, de que podía
coexistir dentro de los Templos con mis HH:. , a pesar de que para muchos era
difícil imaginar que lo pudiera hacer un hombre que en la vida profana públicamente
dice que es marxista.
Este hecho, comprendido dentro de las logias, fue muchas veces incomprendido en
mi propio partido. Más de una vez en los congresos del partido que fundara
nada menos que un Ex Serenísimo Gran Maestro de la Orden Masónica de Chile,
Eugenio Matto Hurtado, se planteó la incompatibilidad entre ser masón y ser
socialista. Es más dura la intolerancia en los partidos políticos. Yo sostuve
mi derecho a ser masón y ser socialista. Manifesté públicamente en esos
Congresos, que si se planteaba esa incompatibilidad, dejaría de ser militante
del partido socialista, aunque jamás dejaría de ser socialista en cuanto a
ideas y principios; de la misma manera, sostuve que el día que en la Orden se
planteara, cosa que no me podía imaginar, la incompatibilidad entre mi ideario
y mi doctrina Marxista y ser masón, dejaría los Talleres, convencido de que
la tolerancia no era una virtud practicada. He podido sortear esta realidad y
creo que tan solo puedo ofrecer a los HH:. de la Gran Logia de Colombia una
vida leal a los principios de la Orden, dentro de la Orden, y en el Mundo
Profano.
Durante muchos años, desde estudiante, que supo de la cárcel y de la exclusión
de la Universidad y de la relegación, hasta hoy, he sido consecuente con mis
convicciones. Mis batallas en un mundo político convulsionado, pero en un país
que políticamente ha alcanzado altos niveles, a veces sin ninguna posibilidad
y seguro de ello, de llegar al solio de los presidentes de Chile. Me interesaba
abrir un surco, sembrar una semilla, regarla con el ejemplo de una vida
esforzada para que algún día diera su fruto esta siembra, no para mí, sino
para mi pueblo, para el de mi patria, que necesita una existencia distinta.
Chile, si bien es cierto que es un país que políticamente ha alcanzado - como
lo dijera hace un instante - niveles más altos en el desarrollo político que
otros países de este Continente; si bien es cierto que Chile, es un país
donde la democracia burguesa ha permitido el desarrollo de todas las ideas; si
bien es cierto - repito - que esto es así, ello se ha alcanzado por la lucha
de los sectores populares, a fin de que se respete el derecho del hombre y las
conquistas alcanzadas por el pueblo y que han sido logradas en heroicas
batallas por la dignidad y por el pan.
Si bien es cierto que Chile ha logrado en lo político ser un país
independiente, desde el punto de vista económico no lo es; y nosotros pensamos
que es fundamental alcanzar esa independencia económica para que sea nuestro
país auténticamente libre en lo político. Y pensamos que es fundamental que
ello se logre, como pueblo, nación o país; así como es fundamental que el
hombre de mi tierra pierda el temor a la vida, rompa con la sumisión, tenga
derecho al trabajo, a la educación, a la vivienda, a la salud y a la recreación.
Pensamos que el hombre de Chile tiene que vivir el contenido de palabras tan
significativas y que constituyen la tríada de los fundamentos masónicos:
FRATERNIDAD, IGUALDAD Y LIBERTAD.
Hemos sostenido que no puede haber igualdad cuando unos pocos lo tienen todo y
tantos no tiene nada. Pensamos que no puede haber fraternidad cuando la
explotación del hombre por el hombre es la característica de un régimen o de
un sistema. Porque la libertad abstracta debe dar paso a la libertad concreta.
Por eso hemos luchado. Sabemos que es dura la tarea y tenemos conciencia de que
cada país tiene su propia realidad, su propia modalidad, su propia historia,
su propia idiosincrasia. Y respetamos por cierto las características que dan
perfil propio a cada nación del mundo y con mayor razón a las de este
Continente. Pero sabemos también, y a la plenitud de conciencia, que estas
naciones emergieron rompiendo el correaje por el esfuerzo solitario de hombres
que nacieron en distintas tierras, que tenían banderas diferentes, pero que se
unieron bajo la misma bandera ideal, para hacer posible una América
independiente y unida.
La historia nos enseña que unas pocas Logias irregulares, como las Lautarianas,
fueron la semilla y la simiente de las luchas emancipadoras, y aquí, en la
Gran Logia de Colombia, puedo recordar con profunda satisfacción que Bolívar
escribió a O´Higgins directamente desde Sucre, y que su palabra encontró eco
en el Padre de la Patria Nuestra, que "entregara la lección de tenacidad"
cuando supo de las derrotas, pero supo también de la entereza para resarcirse
de ellas; y en tierra hermana argentina buscara junto a San Martín, la
posibilidad de la batalla decisiva que liberara a Chile; y tuvo la visión en
el Cono Sur de la América que tuvo Bolívar en su ansia justa, para el resto
del Continente. Por eso, un día 20 de Agosto, desde la Rada de Valparaíso
despidió con estas palabras a los barcos de la expedición libertadora del Perú:
"De estas cuatro tablas depende el porvenir de América".
Fueron soldados de Chile y Argentina los que contribuyeron a la liberación del
Perú. Por eso, con modestia en la dimensión de la realidad, y sabiendo que en
el mundo contemporáneo, más que el hombre, son los pueblos los que deben ser
y son los actores fundamentales de la historia, busqué la posibilidad de hacer
que este pueblo, el de Chile, tomara conciencia de su propia fuerza y supiera
encontrar su propio camino. No ha habido, por lo tanto, más que un aporte en
lo personal. Han sido las masas populares chilenas, las mayorías nacionales,
integradas por campesinos y obreros, por estudiantes, empleados, técnicos,
profesionales, intelectuales y artistas; han sido ateos y creyentes, masones y
cristianos, laicos; han sido hombres con definición política en partidos
centenarios, como el radical, o sin domicilio político, los que convergieron
en un programa que levantó la voluntad combatiente de las masas chilenas, para
enfrentar al reformismo de la democracia cristiana y a la candidatura que
representaba lo tradicional del capitalismo del señor Jorge Alessandri.
Chile, por lo tanto, vivió la etapa prolongada y no estéril de los gobiernos
típicamente capitalistas. Digo no estéril, porque he sostenido que nuestro país
ha sido o es uno de aquellos en que la democracia burguesa ha funcionado
propiamente como tal. Las Instituciones chilenas tienen una firmeza más que
centenaria; y este año el congreso de mi patria, del cual formé parte durante
27 años, dos años como Diputado y 25 como Senador, va a cumplir 160 años,
casi en ininterrumpida labor. Yo diría de ininterrumpida labor. Por eso no
renegamos de lo que antes se hizo, pero comprendemos que el camino de ayer no
puede ser el mismo camino de mañana. Por eso en el proceso político al viejo
sistema sucedió la brillante esperanza, sembrada demagógicamente, de una
revolución y libertad caracterizadas por el reformismo de la democracia
cristiana.
Tampoco niego que ese gobierno, al cual sucede el gobierno del pueblo, no
hiciera avances en el campo económico, social y político; pero siempre están
en pié los grandes déficit que caracteriza la existencia de pueblos como los
nuestros: vivienda, trabajo, salud, educación. No hay ningún país en vía de
desarrollo que haya logrado solucionar cualquiera estos rubros esenciales y
menos en este Continente donde un vasto sector humano ha sido negado y
desconocido; sean los descendientes de Atahualpa o los hijos de Lautaro en mi
Patria, el heróico arauco, el mapuche, el indio, el mestizo; han sido y,
lamentablemente, a pesar de que dieron la simiente de nuestra raza, preteridos,
postergados y aún negados en muchos países.
Por eso nuestro combate y nuestra decisión tenían que ser no un cambio político,
no el traspaso del gobierno de un hombre a otro, sino la entrega de un régimen
a un pueblo que quiere la transformación profunda en lo económico, en lo político
y en lo social. Para abrir el camino dentro de su legitimo derecho al
socialismo, Chile - he dicho, Serenísimo Gran Maestro - tiene su propia
historia, como la tienen los otros pueblos con sus propias características. Y
Colombia sella como Chile su vocación democrática y libertaria.
Pero nosotros vivimos en 1938 una etapa distinta a todos los pueblos de este
Continente y a la mayoría de los pueblos de Europa y de otros Continentes.
Chile fue uno de los tres países del mundo en que hubo un "Frente Popular".
Y un masón radical, Pedro Aguirre Zerda, alcanzaba el poder por las fases políticas
del entendimiento entre el partido radical, más que centenario, y los partidos
marxista, comunista, socialista y el partido democrático. En mi Patria, y más
allá de mi Patria, se combatió la posibilidad de la victoria del Frente
Popular. Se echaron a vuelo las campanas del terror y del pánico. Se habló de
los " tontos útiles" para decir que los comunistas y los socialistas
se aprovecharían de los radicales para instaurar una dictadura. Y Aguirre
Zerda, radical de derecha, se engrandeció en el ejercicio del poder porque
vitalizó el contacto con el pueblo y su lealtad hacia él.
Y cuando un día aciago, soldados que no respetaron el compromiso contraído
con su conciencia y con la Constitución política, se levantaron con el
pretexto fútil de que un trapo rojo ondeaba en la Moneda de Chile, porque un
pabellón partidario se había apoyado en su muralla, fue el pueblo el que rodeó
los cuarteles. Fue el pueblo sin armas el que los obligó a rendirse, sin que
sus heroicos soldados dispararan un solo tiro frente a una multitud dispuesta a
defender a un radical masón, pero maestro y estadista. Por eso en la raíz del
proceso de la evolución política chilena, hay antecedentes que no tienen
otros paralelos, y por eso se hace difícil entender lo que hoy acontece en mi
Patria; y por eso es raro que hoy se tema la presencia de un masón o de un
socialista en el gobierno de Chile. La verdad es, Serenísimo Gran Maestro, que
nadie en mi Patria, ni más allá de las fronteras, puede llamarse a engaño.
Durante más de un año dimos a conocer el programa de la Unidad Popular-
repito- integrada por laicos, marxistas y cristianos, por hombres de la pluma,
del arado y del riel. Nadie que lo quiso, dejó de conocer por qué luchábamos
y para qué luchábamos.
Siempre sostuve que era difícil ganar en las elecciones, que era más difícil
asumir el gobierno, que aún era más difícil construir el socialismo. Siempre
expresé que esa era tarea que no la podía hacer un hombre o un grupo de
partidos, sino un pueblo organizado, disciplinado, consciente, responsable de
su gran tarea histórica, y los hechos han comprobado lo que yo sostuviera.
Fuimos tan combatidos como en el año 38. Y yo, que he sido varias veces
candidato, tengo la experiencia de hasta qué métodos se recurre para impedir
el avance de los pueblos.
Una impresionante cruzada se gestó en el 69 para diseminar el pánico de la
persecución religiosa, el temor de que fueran eliminadas las fuerzas armadas
de Chile, de que fuese suprimido el Cuerpo de Carabineros; argumentos
sencillos, pero capaces con su maldad encubierta, de ser asimilados para
negarnos los votos que necesitábamos. Siempre sostuve que cada país, de
acuerdo con su propia realidad, debía buscar el camino. Por lo tanto, agregué
que, desde el punto de vista teórico, para mí por lo menos, el foco
guerrillero, la insurgencia armada, el pueblo en armas o las elecciones, eran
caminos que podrían elegir los pueblos dentro de su propia realidad. Yo no
tengo ambages en decirlo.
Hay países en que nadie se puede imaginar que puede haber elecciones porque no
hay congreso, ni partidos ni organizaciones sindicales. Por eso pisamos ese
sendero dentro de las leyes de la democracia burguesa, comprometidos a
respetarlas, pero al mismo tiempo a transformarlas, para hacer posible que el
hombre de Chile tenga una existencia distinta y que Chile sea auténticamente
una Patria para todos los chilenos. Hemos planteado una revolución auténticamente
chilena, hecha por chilenos, para Chile. No exportamos la revolución chilena,
por razones muy sencillas: porque algo sabemos de las características de cada
país. Para exportar democracia y libertad tiene que haber algunas condiciones
que no tienen la inmensa mayoría de los pueblos latinoamericanos.
Por eso es que entre Hermanos, en la Gran Logia de Colombia, pueden darse
cuenta ahora de la sinceridad de nuestra postura de no intervención. Es la
entrega franca del planteamiento de un Hermano, frente a Hermanos. La batalla
nuestra es muy dura y muy difícil porque, indiscutiblemente, para elevar las
condiciones de vida de nuestro pueblo, necesitamos hacer las grandes
transformaciones revolucionarias que hieren intereses: intereses foráneos, el
capital extranjero, intereses imperialistas, intereses nacionales de los
monopolios y de la alta banca.
Estamos convencidos de que no podremos derrotar el retraso y la ignorancia, y
la miseria, moral y fisiológica, si no utilizamos los excedentes que produce
nuestra propia economía para sembrarlos en escuelas, caminos, haciendas
trabajadas con técnica moderna, para hacer posible - repito - el rendimiento
en nuestra propia patria, de lo que legítimamente nos pertenece. Solo puedo
ilustrar, para que se entienda nuestra posición, el caso de Chile, con el
cobre, por ejemplo: riqueza fundamental, pilar de nuestra economía, representa
el 82% del presupuesto de divisas del país, y nos da el 24% del ingreso
fiscal, Serenísimo Gran Maestro. Y esto ha estado manejado por manos que no
son chilenas.
La inversión inicial de las compañías americanas del cobre no superó hace
50 años los 13 millones de dólares; y a lo largo de estos años han salido de
Chile 3.200 millones de dólares para ir a fortalecer a los grandes imperios
industriales. En estas condiciones, ¿cómo podemos progresar? ¿Cómo un
pueblo que tiene las más grandes reservas de cobre del mundo y la más grande
mina del mundo que es Chuquicamata, no puede controlar ni los precios, ni los
niveles de producción, ni los mercados, cuando la variación en un centavo en
el precio de la libra de cobre representa un mayor y nuevo ingreso para Chile
de 12 millones de dólares? ¿Cómo es posible, que ese que yo he llamado con
razón el sueldo de Chile, sea manejado por manos que no son chilenas?
Yo declaro que en esta actitud nuestra de rescate de nuestras riquezas
fundamentales no hay, QQ:. HH:., una actitud ni discriminatoria ni contraria a
los pueblos. Respetamos a los Estados Unidos como nación; sabemos su historia
y comprendemos perfectamente bien la frase de Lincoln cuando dijo: "Esta
nación - refiriéndose a su patria - es mitad esclava y mitad libre". Esa
misma palabra, esa misma frase, puede aplicarse a nuestros pueblos
aparentemente libres pero esclavos en la realidad moderna. Por eso hemos
luchado y por eso somos combatidos.
He puesto el ejemplo del cobre y podría hablar del hierro, del acero, del carbón
y del salitre, y podría hablar de la tierra. En un país que puede alimentar a
20 millones de habitantes o más, se tiene que importar todos los años carne,
trigo, grasa, mantequilla y aceite, por un valor superior a los 180 o 200
millones de dólares. Si continuara el proceso de aumento vegetativo de la
población a razón del 2.9% al año, y no aumentara la producción agrícola,
en el año 2000 Chile tendría que importar mil millones de dólares en
alimentos. Y todo el comercio exterior de Chile en este instante, Serenísimo
Gran Maestro, son 1.200 millones de dólares, de los cuales el cobre representa
1.030 millones.
En estas condiciones tampoco podría estar ausente de la mente nuestra, la
necesidad de un profunda reforma agraria, que es parte del proceso de
desarrollo económico de un país, y que no es sólo el cambio de propiedad de
la tierra sino la elevación del nivel intelectual y moral del trabajador de la
tierra. Nosotros hemos hecho nuestra la frase de Tupac-Amaru, el cacique del
Perú, cuando dijo a sus indios: "El patrono no comerá más de tu
hambre". Hemos querido efectivamente que el trabajador de la tierra sea el
que tenga derecho también a comer lo que la tierra produce. Y yo, que soy médico,
y que he sido cinco años Presidente del Colegio Médico de Chile, siendo
combatiente senador socialista, que sé lo que es la vida gremial, y que puedo
decir con satisfacción a mis hermanos que los médicos de mi Patria me
respetaron y me respetan, puedo señalar con dolor chileno, lo que seguramente
también pasa en otros pueblos: 600.000 niños de mi patria, Serenísimo Gran
Maestro, que ha alcanzado el nivel político que he mostrado aquí, son
retrasados mentales, porque no recibieron proteínas en los primeros seis meses
de su existencia. Frente a estas realidades no cabe el conformismo.
Frente a este panorama cabe la explicación en el mundo profano de los
principios que a mí me enseñaron y aprendí en la Orden. Por eso he
combatido, y por eso, no en lo personal, sino en función de vocero de un
pueblo, soy Presidente de mi Patria, para cumplir sin vacilaciones el programa
que levantara la frente al pueblo; porque tengo un compromiso ante mi
conciencia, y es un compromiso de un masón frente a la conciencia de un masón,
y tengo un compromiso con la historia y tengo un compromiso con mi Patria. Esto
va significar represalias.
Herir intereses es duro, y que esos intereses se defienden, lo sabemos y ya lo
estamos viendo. Pero, ¿hasta dónde los pueblos de este Continente van a
aceptar que seamos manejados por control remoto? Durante 20 años se ha hablado
del Fondo Monetario Internacional, de la convertibilidad de la moneda en oro. Y
de la noche a la mañana, cuando le interesa al país hegemónico, se cambian
las reglas del juego y se golpean nuestras débiles economías. Durante 15 o 20
años hemos visto que a las Naciones Unidas no puede ingresar la República
Popular China, país de 900 millones de habitantes. Pero cuando conviene al
problema interno de un país, en vísperas de elecciones, se puede decir que se
reconocerá a China y puede viajar el Presidente de los Estados Unidos a
conversar con Mao Tse Tung. Pero nosotros no podemos hacerlo antes. ¿Hasta cuándo
no vamos a ver nosotros que tenemos derecho a trazar nuestro propio camino, a
recorrer nuestro propio sendero, a tomar las banderas libertarias de los próceres
de este Continente para convertirlas en realidad, porque esa es la tarea que
nos entregaron?
Si eso es ser revolucionario, yo lo soy, pero si eso es ser masón, también
sostengo que lo soy. Por eso puedo decirles también a los QQ:. HH:. de la Gran
Logia de Colombia: en mi patria no hay un hombre encarcelado; en mi patria no
hay un preso político; en mi patria se respetan todos los derechos. Y esta
noche he tenido el agrado de llegar a este Templo acompañado del Embajador de
Chile en Colombia, Q:.H:. Hernán Gutiérrez. Viene también con nosotros el
Director General de Carabineros, General José María Sepúlveda que es también
un Hermano nuestro, y él sabe perfectamente bien, como lo sabe el Q:. H:. Gutiérrez,
que es cierto lo que estoy diciendo. Y si hubiere todavía que buscar un
testimonio, aquí está presente un H:. que vio aquí la luz masónica, porque
es colombiano, que es embajador de Colombia en Chile, que no ha olvidado que es
masón y que yo tuve el agrado y la suerte de estrechar su mano después de ser
triunfante en las urnas, dentro de un Templo Masónico, donde llegó siendo
diplomático como llega Gutiérrez a cumplir en las Logias con su obligación
masónica.
Por eso sostengo que frente al clima artificial creado antes o durante la
elección, seguirán hechos mucho más duros, que tenemos que confrontar. Pero
si hay gobernantes o gobiernos que creen que es legítimo defender los
intereses de unos pocos, por muy grandes que sean, yo sostengo el derecho a
defender el interés de mi pueblo y de mi Patria frente a los intereses de unos
pocos. Si alguien piensa que, a estas alturas de la vida, la amenaza material
puede doblegar a los pueblos, se equivoca. Estados Unidos tiene que aprender la
lección de Vietnam. Y la lección de Vietnam es una lección para todos los países
pequeños, porque es la lección del heroísmo y la dignidad.
Y nosotros debemos entender que hay países que gastan cien mil millones de dólares
al año en una guerra, en un continente que no es el suyo, para impedir que un
pueblo se dé el destino que quiera, frente a una América Latina que tiene que
estar con manos tendidas e implorantes, para conseguir empréstitos pequeños,
gotas de leche de la gran ubre del país más poderoso del capitalismo; en
circunstancias que de este Continente, en la última década, han salido muchos
más millones por amortización de las utilidades e intereses, que los que
ingresan como aporte de capitales. América Latina, continente pobre, es
exportador de capitales, frente a la realidad del país más poderoso del
mundo, del capitalismo internacional.
Es por eso que ésta es nuestra lucha, y es por eso que uso éste lenguaje que
es un lenguaje de claridad, como es la obligación de hacerlo frente a mis
Hermanos. Es una lucha frontal que no sólo será en Chile; que está dándose
en todas partes del mundo, porque vivimos el minuto trascendente en que los
viejos sistemas crujen, y es obligación nuestra mirar con ojos abiertos lo que
va a ocurrir mañana, para analizar si somos capaces de encontrar los cauces
que permitan a las grandes masas continuar un camino que no sea el de la
violencia innecesaria y del costo del capital elevado. Yo lo he dicho en mi país,
y lo repito aquí en el seno de los Hermanos de Colombia: yo no soy una
represa, pero sí soy el cauce para que el pueblo pueda caminar con la
seguridad de que sus derechos serán respetados. No pueden detenerse las
avalanchas de la historia. No pueden las leyes represivas calmar el hambre de
los pueblos.
Transitoriamente podrán aplazarse algunos años; y quizá hasta una generación,
pero tarde o temprano se rompen los diques y la marea humana inunda, pero esta
vez con violencia - y a mi juicio justa - porque también su hambre y
sufrimiento son más que milenarios en algunas partes, y centenarios, por lo
menos en nuestro Continente. Si viejas Instituciones como la iglesia ven
transformarse el contenido de su propia existencia; si los obispos reunidos en
Medellín hablan un lenguaje que pudiera haber sido revolucionario hace 5 o 10
años atrás, es porque comprenden que el verbo de Cristo tienen que
recuperarlo para que la iglesia se salve como Institución, porque si la ven
siempre comprometida con los intereses de unos pocos, nadie va a creer mañana
en la verdad de la enseñanza del que la dio: el Maestro de Galilea,
considerado por mí, por lo menos como hombre.
Es por eso que yo pienso y sueño. Sueño en la noche de la iniciación, cuando
recordaba estas palabras: que los hombres sin ideas arraigadas y sin
principios, son como las embarcaciones, que perdido el timón, encallan en los
arrecifes. Yo quiero que los Hermanos de Colombia sepan que no voy a perder el
timón de mis principios masónicos. Es más difícil hacer una revolución en
que no haya costo social y es duro estrellarse contra poderosos intereses
internacionales y poderosos intereses nacionales. Pero lo único que quiero es
llegar mañana, cumplido mi mandato, y entrar por la puerta de mi Templo, como
he entrado ahora siendo Presidente de Chile.
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