a cura di
Heredom
De la fuente:
Rivista di Studi Tradizionali
n. 93, Luglio - Dicembre 2001

Traducción:
Bernardo Durante

 

La «Stricte Observance» y los Superiores Incognitos #

La «Stricte Observance» y los Superiores Incognitos #

 

 

 

Anónimo

 

  1. El Eques a Capite Galeato fue secretario general de la Gran Logia de Paris en 1785 y en esa ocasión recibió el encargo, primeramente solo, luego junto con el barón de Gleichen, de tomar contacto con Cagliostro a fin de sondear sus intenciones; pero, cosa que merece ser notada, se marchó precipitadamente cuando se le encomendó escribir una cierta carta a la Logia-Madre del Rito Egipcio, y debió ser sustituído por el H\ de Beyerlé (Eques a Fasciâ en la Stricte Observance). - Los documentos concernientes a este «affaire» de Cagliostro en ocasión de la Gran Logia di Paris han sido publicados por el H\ Thory en sus Acta Latomorum, t. II, pág. 102-127.
  2. O de la Haute-Observance (?), al decir de Thory (ibidem, pág.103).
  3. El H\ Ragon y muchos otros autores masónicos, hasta llegar al H\ Limousin, han contribuido a propagar esta leyenda, junto con aquella otra que atribuye a los Jesuitas la creación de la Stricte Observance; el H\ de Ribeaucourt, también, habla de «los Superiores Incógnitos de jesuítica memoria». En efecto alguien supuso que las iniciales S.I. (o S.J.) debían ser interpretadas como Societas Jesu y se ha hecho también una suerte de juego de palabras, probablemente adrede, sobre Clerici, término que debería tomarse más bien en el sentido de doctos, poseedores de ciertos conocimientos particulares, que en el de eclesiásticos. - Otros han igualmente visto a los Jesuitas en el origen del Gran Oriente de Francia; al parecer se trata de una verdadera obsesión.
  4. Se trata de los Rosa-Cruces, que publicaron hacia 1610 la Fama Fraternitatis seguida de varios otros manifiestos, y que Descartes buscó en vano por toda Alemania. Diversas sociedades modernas, con pretensiones iniciáticas, no se basan más que en el estudio de las doctrinas y teorías contenidas en tales escritos; sus adeptos (?) creen así vincularse místicamente con quienes fueron los autores. Las tendencias de los integrantes [de tales sociedades] eran decididamente protestantes y antipapistas, a punto tal que Kazauer interpretó las tres letras F.R.C. (Frates Rosae-Crucis) como Frates Religionis Calvinisticae, «porque ellos adornan su obras con textos caros a los Reformados» (citado por Sédir, Histoire des Rose-Croix, pág.65). Tal vez esta explicación, si no es literalmente más exacta, por lo menos es más justa que aquella otra que identifica a los Superiores Incógnitos con los Jesuitas, o que la opinión del H\ Ragon, quien atribuye a los mismos Jesuitas la invención del grado masónico que lleva precisamente el nombre de Rosa-Cruz.
  5. Subrayamos este pasaje, porque es particularmente importante en lo que concierne a la adaptación de la enseñanza iniciática a las capacidades, intelectuales o de otra naturaleza, de cada uno de los que eran admitidos a la misma. - Ciertos ocultistas contemporáneos, a su vez obsesionados por la misma manía, sostienen que los verdaderos sucesores de los Templarios en aquella época fueran los Jesuitas, que habrían retomado por su cuenta el plan de venganza contra la Realeza, y cuyos agentes más activos en tal maniobra habrían sido Fénelon (!) y Ramsay. (Ver Papus, Martinésisme, Willermosisme, Martinisme et Franc-Maçonnerie, págs 10-11).
    Bajo la influencia de estas mismas ideas se ha llegado a hacer de los Jesuitas, contra toda verosimilitud, los inspiradores y jefes secretos de los Iluminados de Baviera; verdad es, sin embargo, que no se ha tenido ningún empacho en presentar al barón de Hundt como el «creador de la Alta Masonería alemana, o sea del Iluminismo alemán» (ibidem, pág. 67): ¡extraño modo de escribir la historia!
  6. Como este último a su vez se superponía, así como todos los demás sistemas de altos grados, a la organización del todo exterior de la Masonería Simbólica.
  7. Los Clercs de la Late Observance «ofrecían comunicar a las Logias de la Stricte Observance los verdaderos estatutos e instrucciones de la Orden de los Templarios» (Acta Latomorum, t. I, pág.90). - Sus Superiores conocidos eran el barón de Raven (Theodosius, Eques a margaritâ), en Ranefold de Mecklemburg, el predicador Starck (Archidemides, Eques ab Aquilâ Fulvâ), doctor en teología, en Darmstadt y Koenigsberg, y el consejero privado Duffel, en Lila (ibidem, t.I, pág.91 y t. II, págs. 313, 369 y 383).
  8. El misterioso Gran Maestro del que se habla no debe ser confundido con el Superior General oficial de las Logias de la Stricte Observance; este último era el duque Federico de Brunswick-Oels, Eques a Leone Aureo, quien fue elevado a tal dignidad en 1772, en ocasión de la Gran Logia de Kohlo, cerca de Pforten en la Baja Lusacia (Acta Latomorum, t.I, pág. 103 y t. II, pág. 296). - Ni tampoco se trata del Gran Maestro de los Templarios, igualmente reconocido oficialmente por la Stricte Observance, y luego por la Reforma de Wilhelmsbad. Este último personaje fue, desde 1743 hasta 1788, el pretendiente Carlos Eduardo Stuart, Eques a Sole Aureo, que tuvo como sucesor al duque Ferdinando de Brunswick, Eques a Victoriâ, desde 1788 hasta 1792, y luego, a partir de esta última fecha, el príncipe Carlos de Hesse, Eques a Leone Resurgente (ibidem, t.I, pág. 283, y t.II, págs. 295, 333 y 384).
  9. Thory (ibidem, t.II, págs. 136 y 328), escribe Cyano in lugar de Cygno; probablemente se trata de un error.
  10. Citada en el artículo de Benjamin Fabre.
  11. Histoire pictoresque de la Franc-Maçonnerie, pág. 187.
  12. Es probable que aquí no deba tomarse al pie de la letra la denominación de Chipre, ya que la Alta Masonería del siglo XVIII poseía una geografía convencional de la cual tendremos ocasión de volver a hablar.
  13. El H\ Clavel ha tomado casi textualmente este pasaje de las Acta Latomorum de Thory (t. I, págs. 117-18, año 1775).
  14. Los Judíos de Africa del Norte son Sephardim, es decir descendientes de los Judíos españoles y portugueses; estos tienen la pretensión de poseer una «tradición» (Kabbalah) mucho más pura que la de los Ashkenazim o Judíos alemanes.
  15. Recordemos a propósito de esto que existen «hacedores de lluvia» en un gran número de pueblos y particularmente entre los negros de Africa, donde pueden llegar a contarse entre los miembros más influyentes de las diversas sociedades secretas.
  16. «[Se trata del] barón de Waechter, embajador de Dinamarca en Ratisbona, apasionado defensor del Sistema de la Stricte Observance, en la que era conocido con el nombre característico de Eques a Ceraso» (Thory, obra citada, t. II, pág. 392). - Benjamin Fabre consagró anteriormente otros artículos a este personaje.
  17. La carta del príncipe de Carolath es de 1781, un año antes que se llevara a cabo la reunión de la Gran Logia de Wilhelmsbad.
  18. Podemos agregar que dicho ejemplo sigue siendo imitado, si llega el caso, incluso en nuestra época en muchas Obediencias masónicas.
  19. El mismo barón de Hundt no pudo explicar su propia patente cifrada. - Más tarde, los miembros del Gran Oriente de Francia debieron renunciar a leer las dos columnas de signos convencionales que figuraban sobre el «titulo constitutivo» del Rito Primitivo (ver el capítulo V de la primera parte del libro de Benjamin Fabre). Señalamos aquí lo que dice con respecto a esto el Eques a Capite Galeato: «[....] que estas columnas sirvan a ciertos Grandes Oficiales para reconocerse entre ellos, cuando se encuentran en los alrededores de alguna de nuestras Logias, ya que no llevan consigo ningún certificado, ni señal de su condición» (pág. 63).
  20. Seguramente todo lo que aquí decimos podrá parecerle fabuloso a ciertos antimasones escrupulosamente fieles al «método positivista», y para quienes la existencia de los Superiores Incógnitos no es más que una simple «pretensión masónica probadamente fals»; pero nosotros tenemos nuestras razones para no suscribir semejante juicio demasiado... definitivo, y somos conscientes que no afirmamos aquí nada que no sea rigurosamente exacto; ¡allá se las hayan quienes quieren atenerse solo a los documentos escritos de conservar todas sus «convicciones»...negativas !
  21. En correspondencia con tal fecha, Thory agrega, después de haber hablado de Gugomos (quien - recordemos - había recibido al menos una parte de su iniciación en Italia): «El barón de Waechter (Eques a Ceraso) es representante en Italia de la antigua Gran Logia Escocesa de Franconia. El objetivo de este viaje era reunir a los Masones italianos con los de Franconia; el motivo aparente era el de descubrir el secreto de la Orden, que se decía era conocido en esas tierras. Instituyó allí algunos Capítulos» (Obra citada, t. I, pág. 118).
  22. De una segunda carta del príncipe de Carolath solo citaremos la siguiente frase, que revela nuevamente una inspiración judaica: «En ocasión del Congreso de Wiesbaden, Kukumus pretendió llevar a cabo un sacrificio que se habría consumado mediante el fuego del cielo, gracias a su plegaria». En este orden de ideas, podrían encontrarse curiosas informaciones estudiando los Elus Cohen, y también el Rito Egipcio de Cagliostro.
  23. Para terminar con Gugomos, señalamos todavía que, según el Eques a Capite Galeato, él requería pruebas de todos sus discípulos: «tales pruebas consistían principalmente en grandes ayunos, y en descubrir la solución de problemas muy sutiles». El empleo de tales procedimientos iniciáticos es digno de ser subrayado, ya que permite establecer ciertas analogías instructivas sobre las que volveremos oportunamente. - Parece ser que, como el barón de Hundt, «Kukumus exhibía una patente extraordinaria»; hemos visto antes como esto no probó nada ni a favor ni en contra de la realidad de su «misión», así como, por otra parte, la repulsa, de parte de los HH\ de los Altos Grados, a reconocer a los Superiores Incógnitos y a comprometerse a someterse a ellos (sin conocerlos), no implicaba la automática negación de su existencia, a pesar de lo que puedan decir los historiadores «positivistas».
  24. Cf. El libro de Benjamin Fabre, pág. 84.
  25. En el periódico «La Bastille», n° del 13 de septiembre de 1913.
  26. Al respecto Thory dice lo siguiente: «1768 - 29 de octubre. - Schroepfer inicia una actividad de cafetero e inaugura su café en Leipzig. Establece, en una Logia de la ciudad, su sistema basado en las evocaciones y en la magia. Luego es acusado y denunciado como impostor y timador; seis años después (8 de octubre de 1774), se hace saltar la tapa de los sesos en [su local] Rosenthal, en Leipzig, a la edad de 35 años». (Obra citada, t. I, pág. 94)
  27. «Carlos, duque de Curlandia, miembro de la Stricte Observance, con el indicativo característico de Eques a Coronis» (ibidem, t. II, pág 304).
  28. Estos hechos debieron ocurrir entre 1768 y 1774; el mariscal de Sajonia, muerto en 1750, fue también Masón, y «recibió (como el príncipe de Conti) varios votos para la Gran Maestría (de la Masonería francesa) en la asamblea donde fue electo el conde de Clermont, en 1743» (ibidem, t. II, pág. 378).
  29. Se puede juzgar por las cuestiones (Proponenda) propuestas en la Gran Logia de París, convocada en 1785 por los Philalèthes (cf. Thory, obra citada, t. II, págs. 98- 99). En nuestros días algunos ocultistas han tratado tales cuestiones de una manera demasiado fantasiosa, lo cual prueba que también ellos se hallan siempre «en la misma situación».
  30. Parece ser que esto puede aplicarse igualmente a Kolmer, ya mencionado por nosotros, e incluso a Schroeder, el maestro de los Rosa-Cruces de Wetzlar, que se confunde a veces erróneamente con Schroepfer y que Thory menciona simplemente con estos términos: «Schroeder, denominado el Cagliostro de Alemania, introdujo en una Logia de Sarrebourg, en 1779, un nuevo sistema de magia, de teosofía y de alquimia» (obra citada, t. I, pág. 141 y t. II, pág. 379).
  31. «La Bastille», n° del 20 de septiembre de 1913.
  32. Es precisamente el año en el que apareció Schroeder, o por lo menos su sistema; quizá se trata solo de una coincidencia, pero puede ser también que haya existido un vínculo entre todos estos personajes, y esto incluso sin que tal vez ellos mismos lo supieran.
  33. Ibidem, t. I, pág. 141.
  34. Uber den Zweck des Freymaurer Ordens, 1781 (Thory, obra citada, t. I. pág. 368).
  35. Thory cita además las siguientes obras: Saint Nicaise, ou Lettres remarquables sur la Franc-Maçonnerie, Leipzig, 1785-86 (ibidem, pág. 373); Sur le Catholicisme caché des Jésuites, et leurs machinations pour faire des prosélytes (über Kripto-Katholicismus, etc.), Franckfurt 1787-1789 (ibidem, pág. 376).
  36. Der Stein des Antosses, etc. (Thory, obra citada, t. I. págs. 146 y 367).
  37. Cf. La lista provista por Thory (obra citada, t. II, pág 96).
  38. Thory (obra citada, t. I, pág. 123) agrega que esta medalla «ofrece un retrato muy parecido de este célebre Masón».
  39. El H\ Meyer fue convocado a la Gran Logia de París en 1785, y Thory lo describe así: «de Meyer, mayor ruso, de Estrasburgo» (obra citada, t. I, pág. 95). El mismo autor lo identifica, quizá erróneamente, con el escritor que tradujo del inglés al alemán una obra titulada: La Franc-Maçonnerie n'est que le chemin de l'Enfer (ibidem, t. I, pág. 354).
  40. Se trata evidentemente de los Templarios.
  41. Ritual del Grado de Maestro, pág. 34 - Ragon continúa citando las bien conocidas palabras del H\ G.-G.Casanova sobre el secreto de la Masonería, palabras que no hacen más que confirmar esta declaración.
    [Las palabras de Casanova a las que alude el autor del artículo son las siguientes: «Quienes deciden hacerse recibir Masones únicamente para apoderarse del secreto se equivocan... El secreto de la Masonería es, por su propia naturaleza, inviolable, dado que el Masón que ha llegado conocerlo lo conoce solamente porque ha logrado penetrarlo. No lo ha aprendido de nadie. Lo ha descubierto a fuerza de frecuentar la Logia, de observar, razonar y deducir. Cuando ha logrado alcanzar el conocimiento [de este secreto], se guarda bien de no hacer partícipe a nadie de su descubrimiento, ni siquiera a su mejor amigo Masón, dado que si [este] no tuviese el talento para penetrarlo, tampoco tendría la capacidad de sacar provecho en aprenderlo oralmente. Este secreto será por ello siempre un secreto. Todo cuanto se hace en la Logia debe estar cubierto por el secreto, pero aun quienes no han tenido reparos en parlar de lo que allí sucede no han revelado lo esencial. ¿Cómo podrían haberlo hecho si no lo sabían?». Nota de P. Nutrizio]
Nuestras investigaciones sobre el Régime Ecossais Rectifié [Régimen Escocés Rectificado] nos han inducido a encarar, como complemento indispensable, un estudio sobre la Stricte Observance [Estricta Observancia], estudio que hemos llevado a cabo con la profundidad que corresponde a un argumento tan enigmático y que ha dado lugar a tantas controversias. Mientras estamos a la espera de su publicación, pensamos que puede resultar interesante apuntar los documentos que, sobre esta cuestión y provenientes de otras fuentes, han aparecido, cotejándolos con aquellos que ya conocemos.

Para comenzar señalamos, publicado en la «Bastille» del 6 y del 13 de septiembre con el título «Quelques imposteurs F\-M\ Starck et Coucoumous» [«Algunos MM\ acusados de impostura: Starck y Coucoumous»], un notable artículo de Benjamin Fabre, autor de un reciente libro sobre Franciscus, Eques a Capite Galeato. Allí se habla en particular de los Clercs de la Late Observance, cisma análogo al de los Clercs de la Stricte Observance, sobre el que algo habiamos manifestado a propósito del Rito fundado en Malta, en 1771, por el comerciante Kolmer, del Jutland.

He aquí en que términos el Eques a Capite Galeato hablaba, «como uno de los comisarios a los Archivos de los Philalètes» (1), de los Clercs de la Late Observance (2):

«Estos Clercs siguen siendo un problema para un observador imparcial.

«Ha sido dicho que eran los Jesuitas (!) que querían perpetuarse secretamente, formando la clase eclesiástica del orden interno del Régime de la Stricte Observance (3).

«Ha sido dicho que se trataba de una nueva Confederación que, impulsada por motivos de orgullo y de codicia, quería predominar en el nombrado Régime, por medio de algunas formas e ideas científicas, tomadas de los manuscritos y libros raros de los Rosa-Cruces del siglo XVII (4).

«Ha sido dicho que era la parte sacerdotal de la Orden de los Antiguos Templarios que había sobrevivido (sic), y que, con exclusión de los simples caballeros, poseía la doctrina y la práctica de las Ciencias Ocultas, de las cuales cada uno [de sus componentes] ampliaba el repertorio según el alcance de sus ideas y gustos (5).

«A decir verdad, estos Clercs apoyaban cualquier opinión se quisiese tener sobre ellos, favoreciéndola con la ambigüedad de sus respuestas, de su constitución, y propiciándola mediante la astucia de su comportamiento».

Y Benjamín Fabre agrega: «Su objetivo parece haber sido el de superponerse al Régime de la Stricte Observance (6), para asumir la dirección de sus Logias, difundidas en toda Europa y hasta en el Nuevo Mundo. Ellos exigían que sus adherentes poseyeran todos los grados conferidos por la Stricte Observance» (7).

Esta escisión, «que parece haber sido suscitada por un Poder oculto», y que se manifestó por primera vez en Viena, se produjo en el Régime de la Stricte Observance en 1767. A partir de esta época, «parece que, por una razón u otra, el barón de Hundt, Eques ab Ense, cometió algún error y perdió aquello que, hasta ese momento, habia constituído su fuerza, o sea la comunicación con los Superiores Incógnitos». Cuando se reunió la Gran Logia (*) de Brunswick, en 1775, «el barón de Hundt, representante del Gran Maestro Eques a Pennâ Rubrâ, [...] no era más que la sombra de una sombra». Pero quizá la desgracia había golpeado más arriba y no sólo al jefe de la Stricte Observance, llegando a tocar a ese mismo Gran Maestro, intermediario entre Hundt y los verdaderos Superiores Incógnitos (8).

Uno de los jefes del cisma era el H\ Starck, predicador en la corte de Prusia, doctor en teología (protestante)... y en ciencias masónicas, temas en los que había tenido como maestros a Gugumus y al tabernero Schroepfer. El primero (cuyo nombre también aparece escrito como Gugomos, Gouygomos, Kukumus, Cucumur, etc., siendo muy incierta su ortografía), figura en la lista de los miembros de la Stricte Observance con el nombre característico de Eques a Cigno Triomphante (9), y con el título de «lugarteniente al servicio de Prusia». Según una carta del H\ príncipe de Carolath al H\ marqués de Savalette de Langes (10), «Coucoumous (sic) o Kukumus, proveniente de una familia originaria de Suabia, pasó por casi todos los servicios de Alemania, unas veces como militar, otras como civil; se hizo admirar por sus cualidades, pero al mismo tiempo también cosechó desprecios por su inconstancia y mala conducta [...]. Era chambelán del duque de Wirtemberg (sic)».

«Este Gugomos - cuenta el H\ Clavel (11) - había aparecido en la Alta Alemania, y se había dicho enviado de Chipre (12) por los Superiores Incógnitos del Santo Sitial (?). Se atribuía los títulos de gran sacerdote, caballero, príncipe; prometía enseñar el arte de fabricar oro, de evocar a los muertos y de indicar el lugar donde estaban escondidos los tesoros de los Templarios. Pero pronto fue desenmascarado; quiso huir pero fue arrestado y obligado a retractarse por escrito de todas las cosas de las que se había jactado y a declarar que no era más que un simple impostor» (13).

Lo que ahora veremos no nos permite subscribir por entero esta conclusión: es posible que Gugomos haya sido efectivamente un impostor y que haya actuado como tal en ciertas circunstancias, pero debió haber sido alguna otra cosa también, por lo menos durante una parte de su carrera. Esto es, al menos, lo que para nosotros surge de lo que sigue de la carta, ya citada, del H\ príncipe de Carolath: «Desde hace mucho tiempo hacía profesión de las Ciencias Ocultas, pero había sido en Italia que se había formado en dicho tema. Se asegura que volvió de ese país con los más raros conocimientos, que no dejó de practicar en su propia patria. Convocaba a los espíritus, los fantasmas de los desparecidos, por medio de ciertos caracteres [gráficos] - que, sin embargo, no eran los originales - y de sahumerios. Hasta se afirma que habría tenido a su disposición una especie de rayo».

Ahora bien, según algunos testimonios que no tenemos motivo de poner en duda, aún existen, en el Africa del Norte, ciertos rabinos (14) que a su vez tienen, precisamente, «una especie de rayo en su poder», y que, por medio de «caracteres» o figuras cabalísticas, producen, en el ambiente donde realizan esta «operación», una verdadera tormenta en miniatura, con nubes, relámpagos, truenos, etc. (15).

Este es el tipo de cosas que, más o menos, producía Gugomos; y este paralelo, significativo por lo que se refiere a ciertas influencias judaicas, nos recuerda, por otro lado, a ese «misterioso adepto que, ocultándose bajo el nombre de Valmont, viajaba a menudo de Africa a Italia y Francia y había iniciado al H\ barón de Waechter» (16).

Habría sido interesante tener una información algo más precisa sobre los «caracteres» utilizados por Gugomos en sus «operaciones». Por otra parte, ya sea entre los Philalèthes como entre tantos otros HH\ de los Régimes diversos y rivales que, con tanto celo y poquísimo resultado, intentaban extraer «La Luz de las Tinieblas» y «el Orden del Caos», ¿quién podía vanagloriarse, sobre todo en ese entonces (17), de poseer los «verdaderos caracteres», o sea de vincularse con la emanación de una «Potencia legítima» para los verdaderos Superiores Incógnitos? Ciertas destrucciones o desapariciones de archivos se producían a veces de una manera muy oportuna, incluso demasiado oportuna como para no despertar sospechas; ¿la Gran Logia de Inglaterra no había sido, acaso, desde sus comienzos (1717-1721) y por inspiración del Rev. H\ Anderson (ex capellán de una Logia Operativa), la primera en dar el ejemplo de semejante modo de obrar? (18).

Pero prosigamos con la citación: «El eco de tantas cosas maravillosas atrajo la atención de todos, es decir de todos los Masones, ya que es justo decir que jamás las mostró (sic) a los profanos». Se trató, de parte de Gugomos, de una conducta conforme a las reglas de la prudencia más elemental; salvo que, aun en los ambientes masónicos, debería haber actuado con mayor circunspección, tanto en su propio interés como en el de su «misión»; y el alarde que hacía de sus «conocimientos» y de sus poderes quizá fue una de las causas de la desgracia que iba a alcanzarlo, como veremos en seguida.

«Pronto, seguro de sí mismo, tuvo el tupé de convocar un Congreso General, donde habría revelado sus singulares conocimientos. Pero, ¡oh prodigio! la fuerza lo abandonó. Ya no estava en condiciones de producir las cosas de que se habia preciado. Entonces fue además excluído de la Orden a causa de su mala conducta. Ahora se mantiene continuamente errante, aunque se asegura que habría recuperado una parte de sus conocimientos. Se ignora su actual residencia».

Así pues, Gugomos, manifiestamente abandonado por los Superiores Incógnitos de los que no era más que un simple instrumento, perdió todos sus poderes justo en el momento en que mayormente los hubiera necesitado. Es muy posible que se haya visto movido en esta circunstancia a recurrir a alguna superchería para tratar de persuadir de la bondad de títulos que ya no podía justificar por la posesión de los poderes reales de los cuales no había sido más que el momentáneo depositario; y estos títulos no eran de una clase tal que pudiera ser probada por un documento escrito cualquiera, documento que los HH\, incluso aquellos de los Altos Grados, por otra parte no habrían sido capaces de descifrar (19). En tales condiciones, Gugomos, acosado por cuestiones indiscretas, no pudo librarse más que confesándose «impostor», y así fue «excluído de la Orden», esto es de los Altos Grados conocidos, organización interior respecto de la Masonería Simbólica, pero aún exterior con relación a otras, esas a las que el mismo Gugomos pudo estar vinculado anteriormente, pero más a la manera de simple auxiliar que como auténtico iniciado.

Esta desventura no debe sorprendernos, menos aún cuando la historia de la Alta Masonería en esa época nos da varios otros ejemplos: poco más o menos es lo que sucedió al mismo barón de Hundt, a Starck, a Schroepfer, etc., sin hablar de Cagliostro. Más aún, sabemos que, incluso en nuestros días, la misma cosa les ha pasado a enviados o agentes de ciertos Superiores Incógnitos, verdaderamente superiores y verdaderamente incógnitos: si se comprometen, o aun, sin haber cometido otras faltas, fracasan en su misión, todos los poderes les son inmediatamente retirados (20). Tal destitución por otra parte puede ser temporaria, y quizás precisamente esto es lo que ocurrió con Gugomos; solo que quien se cartea con el H\ Savalette de Langes se engaña, o se expresa mal, cuando escribe que, luego «habría recuperado una parte de sus conocimientos», pues si los poderes siempre pueden ser retirados o restituídos a discreción de los Superiores Incógnitos, evidentemente no puede suceder lo mismo por lo que se refiere a los conocimientos, adquiridos de una vez para siempre con la iniciación, por más imperfecta que esta haya sido.

El príncipe de Carolath, que es bastante severo con Gugomos, vacila sin embargo en acusarlo de impostura; aun evitando pronunciarse, parece poner en duda la calidad de sus «conocimientos», más que su misma realidad: «Waechter, en el curso de este Congreso Masónico (de 1775), acabó con las pretensiones de Kukumus (21). La impresión es que Kukumus no tuviera la verdadera luz ; que persistiendo en el contacto, que quizá mantenía con espíritus impuros, contribuyese por lo tanto a acrecentar su propia perversidad y la de los demás, y a dar vida a nuevos apegos, en lugar de liberarse de aquellos de los que ya sufría». De hecho es muy probable que Gugomos, atraído sobre todo por la posesión de ciertos poderes de categoría muy inferior, se haya aplicado casi exclusivamente a su práctica; tal vez sea esta otra de las causas de su desgracia, ya que podría ser que ello no se ajustara con las ideas de sus Superiores Incógnitos (22).

En otra carta, también dirigida al H\ Savalette de Langes, a propósito de Gugomos, o Kukumus, el H\ barón de Gleichen declara, por cierto, que «es un impostor», mas de inmediato agrega: «Pero no sé nada de su doctrina, en la que me han asegurado que había efectivamente algo malo». De donde se deduce que, independientemente de sus poderes, Gugomos poseía al menos un rudimento de doctrina, cosa quizá menos interesante a su entender, pero que sin embargo constituía un «conocimiento» más real, como hubo de constatar a costa suya; esta doctrina, ¿de quién la había recibido? Tal cuestión, mucho más importante que la del valor moral, sumamente sospechoso, de Gugomos, equivale exactamente a la siguiente: ¿quiénes eran sus Superiores Incógnitos? Y, ciertamente, nosotros no podemos adoptar la solución que presenta el barón de Gleichen atormentado por una obsesión de la que ya hemos visto otros ejemplos: «la mayor parte (sic) cree que era un emisario de los Jesuitas (!), que verdaderamente varias veces han procurado juntarse a la Masonería». Otros que no eran los Jesuitas podían entonces hacer tentativas de este género; los Judíos, por ejemplo, quienes se hallaban excluídos de una parte de la Masonería y que, por lo demás, todavía lo están en Suecia y en varias Grandes Logias de Alemania. Este último país es precisamente el que vio nacer la mayor parte de aquellos Régimes cuyo prototipo fue la Stricte Observance; esto no quiere decir, por cierto, que todos hayan tenido en realidad el mismo origen, lo que nos parece poco verosímil, pero no es difícil comprender como fuera posible, adueñándose de los Altos Grados por medio de emisarios sin mandato oficial, dirigir invisiblemente toda la Masonería, y esto basta para explicar las innumerables tentativas realizadas para lograrlo (23).

Abrimos aquí un paréntesis: a veces, algunos han sido reprochados por querer hallar en todas partes la influencia de los Judíos; es cierto que esta última no debería tal vez considerarse de manera exclusiva, pero hay otros que, pasando de un extremo a otro, no quieren verla en ninguna parte. Es lo que, particularmente, sucede con el misterioso Falc (así lo escribe el H\ Savalette de Langes) que algunos «creían [ser] el jefe de todos los Judíos» (24): se lo quiere identificar, no con Falk-Scheck, gran rabino de Inglaterra, sino con el H\ Ernest Falcke (Epimenides, Eques a Rostro), burgomaestre de Hannóver, cosa que no explicaría en absoluto los rumores difundidos sobre él en aquella época. Quienquiera haya sido este personaje enigmático, su papel, como el de muchos otros, aún debe ser aclarado, y esto parece ser más difícil todavía que en el caso de Gugomos.

En cuanto a Falk-Scheck, señalamos, en una Notice historique sur le Martinésisme et le martinisme de la que volveremos a hablar (pág.64), un hecho que merece ser citado: «Mme de la Croix, exorcista de endemoniados, demasiado a menudo posesa ella misma, se vanagloriaba sobre todo por haber destruído un talismán de lapislázuli que el duque de Chartres (Philippe-Egalité, más tarde duque de Orléans, y Gran Maestro de la Masonería francesa) había recibido en Inglaterra del célebre Falk-Scheck, gran rabino de los Judíos, talismán que debía conducir el príncipe al trono y que, decía ella, fue hecho añicos sobre su pecho (de ella) gracias a sus preces». Que semejante presunción se halle o no justificada, lo cierto es que tal episodio arroja una extraña luz sobre algunas de las influencias ocultas que contribuyeron a preparar la Revolución.

***

Benjamin Fabre dedica la continuación de su artículo (25) al H\ Schroepfer, «quien tuvo a su vez una agitada carrera», carrera que acabó en el suicidio (26), y «que los corresponsales de Savalette de Langes nos presentan bajo un aspecto curioso».

El H\ Bauer describe así una de sus evocaciones, que él mismo había presenciado: «Durante una reunión de HH\, que tuvo lugar una vez en Leipzig y otra en Franckfurt, en la que estuvieron presentes personajes pertenecientes al mundo de las letras, de las ciencias, etc., después de haber participado en un ágape de Logia, [el H\ Schroepfer] nos hizo despojar de todos los metales, y preparó una mesita a parte para él; sobre esta mesita colocó un papel pintado (sic), con toda suerte de figuras y caracteres, de los que yo no comprendía nada. Nos hizo recitar una plegaria bastante larga y muy eficaz y nos hizo formar círculo. Hacia las una (sic), de mañana, oímos un ruído de cadenas, y poco después, los tres grandes golpes [que resonaron] de manera extraña, en la misma sala, donde estábamos tendidos en el suelo. Después, entonó una especie de oración con su ayudante, en un lenguaje que yo no comprendía. En esto entró por la puerta, que antes había sido cerrada con llave, un fantasma negro que dijo ser el espíritu malvado, con quien habló en el mismo lenguaje. El espíritu le respondió de la misma manera, y, por indicación suya, salió. Hacia las dos, apareció otro fantasma, con las mismas formalidades, en este caso blanco, llamándolo (sic) el espíritu benigno y lo despachó de la misma forma. Luego de lo cual cada uno se fue a su casa, con la cabeza henchida de quimeras...».

El Eques a Capite Galeato en verdad dice que otro testigo le «hizo comprender que todos estos hechos, tan celebrados, se produjeron solo por motivos físicos, favorecidos por la prevención o por la credulidad de los espectadores». Sin embargo, el Dr. Koerner reconoce «no haber logrado aún conciliar (sic) las relaciones contradictorias que se cuentan de este hombre»; y el H\ Massenet asegura que «es precisamente este hombre quien presentó al príncipe Carlos de Curlandia (27) el Mariscal de Sajonia (28), en presencia de seis testigos, todos los cuales afirman [la verdad de las] mismas circunstancias y aseguran [la realidad del] hecho, aunque anteriormente no tenían (sic) ninguna propensión a creer en tales cosas».

Y nosotros, ¿qué debemos creer de todo esto? Seguramente, para nosotros es todavía más difícil que para los contemporáneos [de esas personas] formarnos una opinión precisa y consistente sobre la naturaleza de las «obras pneumatológicas» [**] de Schroepfer, cuyos mismos alumnos, como el barón de Beust, chambelán del Elector de Sajonia, si damos fe a cuanto refiere Savalette de Langes, estaban todavía «en la misma situación» de los Philalèthes en lo concerniente la búsqueda de la «verdadera luz». ¡Luego de haber «visto tantos doctores, Teósofos, Herméticos, Cabalistas, Pneumatólogos», se trataba de un resultado harto mediocre! (29).

Todo lo que se puede decir con seguridad es que, si alguna vez Schroepfer poseyó poderes efectivos, tales poderes eran de un orden todavía inferior al de los de Gugomos. En suma, los personajes de esta índole manifiestamente no fueron más que iniciados muy imperfectos y desaparecieron sin dejar huellas después de haber representado un papel efímero como agentes subalternos, y quizá indirectos, de los verdaderos Superiores Incógnitos (30).

Como dice muy justamente Benjamin Fabre, «Kabalistas judaizantes y hechiceros al mismo tiempo que impostores y fanfarrones, tales fueron los maestros de Starck». Y agrega: «De semejante escuela supo sacar buen provecho este inteligente discípulo, tal como veremos».

El artículo siguiente (31), en efecto, está nuevamente dedicado al H\ Starck (Archidemides, Eques ab Aquilâ Fulvâ), que vemos, en la Gran Logia de Brunswick (22 de mayo de 1775), enfrentarse con el barón de Hundt (Eques ab Ense), fundador de la Stricte Observance, a quien «contribuyó a alejar de la presidencia de la Orden», pero sin llegar a hacer prevalecer sus propias aspiraciones [a la dirección de la Orden]. Dado que volveremos sobre este punto en otra oportunidad, no insistiremos sobre el mismo; señalamos [sin embargo] que, en 1779 (32), Starck hizo otra tentativa que no tuvo mayor éxito, y que Thory comenta en estos términos: «El Dr. Stark (sic) convoca, en Mittau, a los Hermanos y los Clercs de la Stricte Observance; trata de conciliar sus debates, pero fracasa en este proyecto» (33).

He aquí como el Eques a Capite Galeato relata el final, verdadero o presunto, de los Clercs de la Late Observance: «En una de las Grandes Logias Provinciales del Régime de la Stricte Observance, en Alemania, los mismos fueron abrumados con preguntas, a las que no pudieron o quisieron responder. Según se dice, dos de ellos (Starck y el barón de Raven), que se cree fueran los últimos (de estos Clercs o Clerici), se presentaron sus propias dimisiones de mano a mano y renunciaron a toda propagación de su Orden secreta.

«Algunos creen que esta dimisión fue tan solo simulada y que, no habiendo encontrado en la Stricte Observance continuadores que se adaptaran a sus intenciones, ellos aparentaron renunciar, a fin de que no se pudieran seguir sus rastros y así caer en el olvido.

«Sea lo que fuere, el H\ Starck, docto Masón y culto ministro del Santo Evangelio, quien, según se me ha asegurado, era uno de los Clerici, ha publicado numerosas obras de las que no resulta imposible deducir, hasta cierto punto, cuales fueron los conocimientos y el objetivo de su Orden secreta.

«De todas las obras que escribió han llegado a mi conocimiento las siguientes: L'Apologie des F\-M\; Ephestion; Le But de l'Ordre des F\-M\ (34); Sur les Anciens et les Nouveaux Mystères. Los dos primeros libros han sido traducidos« (35).

Debemos agregar que, en 1780, «[Starck] atacó publicamente el sistema de los Templarios, por cuanto sedicioso y contrario a los gobiernos, en un folleto titulado: La Pierre d’achoppement et le Rocher de scandale» (36).

Es posible que los Clerici se hayan perpetuado secretamente; en todo caso, Starck no desapareció del escenario masónico, porqué lo vemos convocado a la Gran Logia de París en 1785 (37). A pesar de su desgracia, el mismo había conservado una gran autoridad; ¿acaso debemos asombrarnos, cuando vemos, en ocasión de la muerte del barón de Hundt, acuñar una medalla en honor de este otro «docto Masón» (38) que, a su vez, era por lo menos sospechoso de impostura y mistificación?

En cuanto a los especiales conocimientos que los Clerici pretendían poseer exclusivamente, citaremos lo que dice el H\ Meyer (39), escribiendo (en 1780) a Savalette de Langes: «Usted sabe que existían algunos Clerici en el Capítulo de una cierta Orden que no mencionaré (40), y se sostiene que solo ellos eran los depositarios de la ciencia y del secreto. Esta interpretación no satisface a los Masones modernos, que estén dotados al menos de un mínimo de curiosidad. Después de ser nombrados Caballeros, ellos piden, además de la espada, el incensario. La facilidad con la que se comunica este grado no habla a su favor; razón por la cual, aquellos que lo poseen, en realidad, no están al corriente más que de algunas otras enigmáticas palabras». Así pues, los HH\ que ya poseían alguno de los Altos Grados y entraban en este sistema, más interior o supuesto tal, sin duda tampoco encontraban el secreto de la Masonería, y no se tornaban, con ello, en unos auténticos iniciados.

Esta constatación nos recuerda las siguientes palabras del H\ Ragon: «Ningún grado conocido ni enseña ni revela la verdad; tan solo vuelve menos espeso el velo... Los grados practicados hasta hoy han creado Masones y no iniciados» (41). Por lo que no es más que detrás de los diversos sistemas, y de ninguna manera en uno u otro de ellos, que es posible descubrir a los verdaderos Superiores Incógnitos; mas, por lo que concierne a las pruebas de su existencia y de su acción más o menos inmediata, éstas no son difíciles de encontrar salvo para quienes no quieren verlas. Esto es lo que, sobre todo, queríamos destacar, y, al menos por el momento, nos abstendremos de formular otras conclusiones.


# Artículo extraído de «Etudes Traditionnnelles», n° de junio de 1952. El original fue  publicado en la revista «La France Antimaçonnique» en los n° del 20 de noviembre y del 4 de diciembre de 1913, sin firma. En esta misma revista había sido precedido, el 14 de agosto de 1913, por un artículo titulado «Le Régime Ecossais Rectifié», artículo que, desde el punto de vista en que nos situamos ahora, consideramos que no tiene una excesiva importancia ya que está constituído de un conjunto de estractos de las Acta Latomorum de Thory. Por esta razón no hemos creído necesario reproducirlo.
* Traducimos con «Gran Logia» la expresión francesa «Convent», que indica una reunión plenaria de los Venerables Maestros de un determinado territorio. [Nota de P. Nutrizio]
** La «pneumatología» designaba, en ese entonces, la «ciencia de los espíritus» [N.d.T]