a cura di Heredom |
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De la fuente: Pietro Nutrizio e altri René Guénon e l'Occidente Luni Editrice
Traducción: Bernardo Durante
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Antonello Balestrieri
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Véase el artículo de P. Nutrizio
«René
Guénon e le forme della Tradizione»,
págs. 19-22 del n° 72 (enero-junio
1991) de la «Rivista
di Studi Tradizionali».
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Algunas partes de la obrita fueron tan sólo
resumidas por el curador, quien al respecto dice, al final de su
«Introducción»:
«La
obra que proponemos al lector destina un ingente espacio a esta serie de textos
[los que componen L’Archéomètre de la “Gnose”]. La redacción
colectiva de los artículos [esta es, además, una suposición arbitraria de
Happel, al no existir una documentación segura, directa o indirecta, que pruebe
el hecho con certeza] confiere a veces a estos últimos una apariencia
algo confusa. La reedición integral de un tal conjunto habría menoscabado el
notable interés de los textos. Nos pareció indispensable agruparlos (sin
desvirtuar su contenido) según ciertos temas; no hemos conservado los que se
hallaban muy escasamente desarrollados (por ejemplo las referencias musicales).
Agregamos in fine algunos comentarios en relación directa con la obra de
René Guénon».
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Esta definición es del redactor anónimo de los
artículos de la
«Gnose»
titulados «L’Archéomètre»,
redactor que los firmaba con una simple letra
«T»
mayúscula. Se podría presumir (como en efecto se ha hecho) de que se tratase de
Alexandre Thomas (de aquí la inicial), quien sin embargo firmaba otras
colaboraciones para la revista con el seudónimo de
«Marnès».
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Del artículo
«Saint-Yves
d’Alveydre et l’Archéomètre»
de Jean Reyor contenido en el n° 187 de
1935 (pág. 290), de la revista
«Le
Voile d’Isis»
(«Études
Traditionnelles»).
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De las
«Notes
sur la tradition cabalistique»
(carta de Saint-Yves al Dr. Gérard
Encausse [Papus]) que aparece en la edición del Archéomètre curada
por los «Amis
de Saint-Yves»,
publicación sin fecha, pero seguramente aparecida por primera vez en mayo de
1911, pág. 125.
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Los textos a los que se refieren nuestras notas 3, 4 y 5 han sido extraídos del
estudio de Nicolás Séd,
«Les
Notes de Palingénius pour l’Archéomètre»,
incluído en el número especial de
«L’Herne»,
publicado en 1985 en ocasión del centenario del nacimiento de René Guénon.
-
De una Nota titulada “Varia”, en
“Études Traditionnelles”, n° 319 (octubre-noviembre 1954), pág. 326.
- Esto lo decimos también porque, como
se verá más adelante, la de los nuevos lectores de la obra de R. Guénon parece
ser una de las preocupaciones del curador del trabajo que estamos examinando.
- Como ejemplo de los daños que puede
acarrear dicho
«espíritu crítico»
aplicado a la obra de Guénon, citaremos aquí el libro de J.-P. Laurant Le
sens caché dans l'oeuvre de René Guénon, del cual se trataba principalmente
en el artículo
«Un
equivoco di fondo»
de P. Nutrizio, publicado en los n° 74 y 76 de la
«Rivista
di Studi Tradizionali».
-
Nuestros lectores recordarán tal vez la campaña de
difamación indirecta de la persona de René Guénon y de su obra, de la que se
trató en los n° 71 y 73 de la
«Rivista
di Studi Tradizionali»,
campaña que, además, por reconocimiento de uno de sus mismos artífices, todavía
hoy perdura.
- Este criterio, sensato y en
definitiva completamente
«normal»,
es exactamente lo que Happel considera, en su trabajo,
«inconveniente»,
en la manera de proceder del curador de Mélanges, a quien reprocha varias
veces no haber hecho, en la presentación de los escritos que componen el libro,
remisiones a temas y frases que aparecían en la
«Gnose»
y a veces también en el
«Archéomètre»
Bien mirado, tales reproches se encuentran en contradicción hasta con la justa
afirmación inicial de Happel, según la cual
«toda
la obra [de Guénon] es una brillante ilustración de lo que el Archéomètre
en sentido etimológico puede revelar»»;
a menos que no se le otorgue más importancia a los usos “eruditos” de la crítica
moderna en detrimento de los contenidos...
-
Véase nuestro artículo
«Una
risposta d'autore»,
en el n° 81 (julio-diciembre 1995) de la
«Rivista
di Studi Tradizionali»,
pág. 283.
- Esta característica es la que le
acarreó, y como a él a varios otros, el título de
«parásito
de René Guénon»
por parte de la
«Rivista
di Studi Tradizionali».
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Con el título René Guénon et
l’Archéomètre, la editorial Trédaniel presentó en 1996 al
público francés, por primera vez en un volumen, la serie de los doce
articulos que, con el título general de
«L’Archéomètre»,
fueron originalmente publicados por la revista
«La
Gnose»
desde 1910 hasta 1912, serie por lo demás incompleta a causa de la
desaparición de esta publicación después del número de febrero de
1912. La recopilación trae una extensa introducción y numerosas
notas críticas de su curador, Bruno Happel (o Hapel, ambas
transcripciones aparecen en la presente edición), colaborador
habitual de
«Vers
la Tradition».
Como nuestros lectores tal vez recuerden (1),
una empresa análoga, si bien con
objetivos diferentes, había sido llevada a cabo anteriormente en
Italia en 1986 por la editorial Atanòr, que por otra parte la había
comprometido, amén que con una pésima traducción, presentando los
textos integrales agrupados en volumen como atribuibles tout
court a René Guénon, haciendo pasar así todo el trabajo como un
«inédito»
de este autor; como demuestra el título mismo del presente libro, el
editor francés, aún evitando el falso garrafal cometido por el
italiano, supo, no sin cierta sagacidad, conservarle a la obrita el
atractivo editorial del nombre de René Guénon en la portada, ayudado
en esto por el carácter impreso a su trabajo por B. Happel, quien se
ocupó de hacer, a más de una reedición en volumen (la primera
francesa) del Archéomètre desde la época de la
«Gnose»,
una suerte de comentario
histórico y a su manera erudito de las vicisitudes de la formulación
del texto propiamente dicho, con especial referencia a los temas del
mismo que R.Guénon («animador»
-según
Happel
-
del grupo de trabajo que se ocupó del Archéomètre) desarrolló
posteriormente en el curso de su obra (2).
Recordamos que L'Archéomètre,
desatinadamente traducido en la edición Atanòr como
L'Archeometra, dicción que en nuestra opinión presenta el
defecto de dar la impresión que se trata de un personaje, o, en el
mejor de los casos, de un principio, era en cambio, además del
título de una obra póstuma y compuesta del autor francés Alexandre
Saint-Yves d’Alveydre (1842-1909), el nombre dado por este último
-
que lo había sacado a luz y en cierta forma reelaborado
-
a «un
instrumento sintético aplicable a todas las manifestaciones
verbales, cuya virtud es la de permitir de referirlas todas a su
Principio común, y darse cuenta del lugar que ellas ocupan en la
Armonía Universal» (3).
O bien, según otro tipo de definición,
en cierta modo más ordinaria pero quizá más
«práctica»,
un instrumento
«basado
en el número doce e indicante las correspondencias de los signos
zodiacales con los planetas astrológicos, con los colores, con los
números, las formas, las letras de los diferentes alfabetos
semíticos y las del célebre alfabeto watan, cuyos caracteres
constituirían los verdaderos ideogramas primitivos» (4).
Saint-Yves d’Alveydre mismo, que era
quien lo había presentado, decía de manera algo sibilina que se
trataba de
«un
instrumento cíclico, o código cosmogónico de los estudios superiores
religiosos, cientifícos y artísticos»,
mientras que del alfabeto watan, de 22 caracteres, decía en
una carta:
«Lo
he obtenido de Brahmanes de alto rango, que nunca me
exigieron que lo mantuviera en secreto. Se diferencia de los otros
[alfabetos] llamados semíticos por el hecho de que sus letras son
morfológicas, o sea que se expresan exactamente a través de sus
formas, lo que lo hace del todo único. Además, un estudio cuidadoso
me ha permitido descubrir que tales letras son los prototipos de los
signos zodiacales y planetarios, hecho que de por sí tiene gran
importancia» (5).
A través de estas breves noticias
nuestros lectores podrán deducir, para su mejor comprensión, que el
título
«L’Archéomètre»
se aplica por lo tanto a dos cosas bien distintas: una es la obra
póstuma de Saint-Yves d’Alveydre (recopilada por terceras manos
capitaneadas por Papus), que exponía sintéticamente los criterios
seguidos por este último en la reelaboración y confección del
instrumento intelectual que lleva el mismo nombre y que está
integrado en parte por datos de proveniencia hindú; la otra es, tal
como lo recordamos al comienzo, la serie de artículos que la revista
«La
Gnose»,
fundada y dirigida por el joven René Guénon (23 años), publicó desde
1910 hasta 1912 (por lo tanto antes y después de la aparición del
libro de Saint-Yves) sobre este mismo instrumento. La virtud
fundamental de estos artículos es que ellos
«explican»
los temas contenidos en el escrito póstumo de Saint-Yves
-
muy frecuentemente a la luz de las doctrinas hindúes
-
y a la vez desarrollan y aclaran de manera sintética las
potencialidades implícitas en el instrumento que él exhumara, de una
manera u otra una
«clave»
cosmológica en la que se hallan relacionados múltiples elementos
simbólicos, principalmente lingüísticos y astrológicos, y es
indudable que tal virtud
«explicativa»
fue luego también una de aquellas, fundamentales, que caracterizaron
a toda la obra de René Guénon, no importa cual fuese el soporte
tradicional
-
«residual»
para Occidente,
«viviente»
para Oriente
-
que le brindara la ocasión.
En este sentido podemos decir que, en
efecto, detrás de los doce artículos de la
«Gnose»
sobre el
«Archéomètre»,
cuya inspiración y redacción constituye un enigma que no creemos se
pueda llegar a elucidar plenamente, no se puede dejar de percibir la
influencia de R. Guénon, aun cuando éste le haya luego comunicado
personalmente a Jean Reyor, quien lo consultaba al respecto, que
«[su]
participación en este trabajo se había limitado a la redacción de
algunas notas que se referían a la tradición hindú» (6).
Convenimos por ello con Bruno Happel
cuando, refiriéndose al trabajo póstumo de Saint-Yves, dice en su
«Introducción»:
«Podría
creerse, luego de haber leído esta obra, que la cuestión del
Archéomètre develado por Saint-Yves haya nacido en cierta modo
muerta y que tal “clave” sea inutilizable. Pero por suerte el
Archéomètre no era propiedad exclusiva de este último (¡a
pesar de que él había tramitado su registro!) y no podía reducirse a
su única amplitud de miras. Se puede justificadamente pensar que aun
cuando Saint-Yves hubiese podido redactar personalmente esta obra,
el conocimiento del Archéomètre [como instrumento] no habría
sido revelado sino muy mediocremente.
Habrá que aguardar a otro autor, cuya
potencia de síntesis era realmente “a medida” del Principio, para
ver efectivamente develada dicha “clave”. Se trató de René Guénon,
cuya entera obra constituye una brillante ilustración de lo que el
Archéomètre, en sentido etimológico, puede revelar [la
cursiva es nuestra]. Los que toman conocimiento de esta obra se
vuelven depositarios de esta clave con tal que sean aptos».
Aun cuando tenemos alguna duda que se
pueda
«llegar
a ser depositario de esta “clave” con tal que
se tenga la aptitud»,
y pese a que nos parece algo simplista afirmar que se esté en
condiciones de
«tomar
conocimiento»
de la obra de René Guénon en toda su profundidad
-
y por lo tanto en todas sus implicancias
«realizativas»,
a falta de las cuales aun el conocimiento
«teórico»
encuentra más o menos rápidamente su plafond
-,
únicamente a través de una simple lectura de ella (cosa que es
contradictoria con esta obra misma), con todo no podemos dejar de
asentir al tono general de estas frases, las cuales expresan de
cierta manera lo que también nosotros pensamos.
Por otra parte, esta es la razón por
la cual, aun considerando apreciable desde un ángulo particular la
presente iniciativa de volver a publicar las doce entregas del
«Archéomètre»
de la
«Gnose»
en un solo volumen, teniendo justamente presente semejante
consideración de fondo pensamos que, después de todo, en comparación
con la absoluta claridad de la posterior obra
«oficial»
de René Guénon, o sea de la que se concretó en los 26 trabajos que
actualmente la integran, resulte más perjudicial que útil, ante
todo para los nuevos lectores de Guénon
(7), este hurgar en
los documentos dudosos del pasado. En primer término, las
incógnitas de diverso tipo que tales textos contienen son demasiado
numerosas como para que sea posible llegar a un resultado único
(bastará citar aquí, para justificar lo que estamos diciendo, tanto
la incógnita de su verdadero elaborador como la del tipo de
participación que en ellos tuvo R.Guénon); en segundo lugar, este
tipo de ejercicio huele demasiado a ese
«espíritu
crítico»
de carácter moderno y académico, disolvente por naturaleza, contra
el cual Guénon se levantó toda vez que se le presentó la ocasión en
el curso de su vida (8);
en tercer lugar, aunque no en orden de
importancia, y claramente como demostración de la validez de una tal
actitud de repulsa en Guénon por semejantes métodos, es altamente
improbable que bajo las manifestaciones de este
«espíritu
crítico»
no se esconda el gusanillo de algún partidismo, en más o menos
evidente contradicción con la finalidad aparente de los ejercicios
mismos, o por lo menos alternativamente con ella, así que sus
soportes harán entonces, en parte o del todo, las veces de vehículo
destinado a conseguir la real finalidad, que es la que mayormente se
desea lograr.
Si se observa con ojo algo avizor como
ha sido urdido el
«aparato
crítico»
de este trabajo y se constata como el mismo
-
sobre todo en la
«Introducción»
-
lleva constantemente el lector a reconsiderar un mismo y único tema
polémico, no es difícil comprobar que con el presente libro nos
hallamos en este segundo caso. En realidad lo que interesa
primariamente a su curador, lejos de ser exclusivamente el
«Archéomètre»
de la
«Gnose»
con sus problemas críticos, frecuentemente engañosos, es... el
criterio conforme al cual uno de los representantes de los Herederos
de René Guénon que se han sucedido en el tiempo ha desempeñado la
parte de su trabajo concerniente la recopilación del material
inédito dejado a su muerte por este autor; por más que esto pueda
resultar casi inverosímil para el lector común, quien conozca un
poco los ambientes y la atmósfera donde se elaboran estos
«juegos»
sabe que no es para nada inverosímil, y obedece a pautas bien
precisas que nada tienen que ver con un conocimiento desinteresado,
y son el fruto de móviles con referencia a los cuales pasado y
presente se acumulan de suerte que resultan muy difícilmente
distinguibles.
En los casos de mayor refinamiento
tales
«juegos»
se disimulan más o menos cuidadosamente, de manera de engañar al
lector e inducirlo a llegar por sí solo a las conclusiones deseadas (9);
bajo este aspecto, aquí nos hallamos
en cambio ante una tosquedad evidente, ya que desde la primera y
larga nota de la
«Introducción»
el objetivo incongruo queda
prontamente señalado y de aquí en adelante será tan sólo mencionado
de tanto en tanto. La nota a la que nos referimos es la siguiente:
«Este
texto [“Le Démiurge”] se ha vuelto a publicar en la
compilación póstuma, editada por Gallimard, que lleva el muy
inoportuno título de Mélanges; Roger Maridort, responsable de
esta publicación, sin duda no había leído otro libro póstumo,
editado anteriormente por las Éditions Traditionnelles y
titulado Études sur l’Hinduisme (pero no se había ocupado él
mismo de su compaginación [¡?]) en donde René Guénon, reseñando un
número especial de “Cahiers du Sud” que llevaba por titulo
Mélanges sur l’Inde escribía: “Este título quizá no es, como
tal, muy feliz, pero hay que reconocer que, de hecho, expresa bien
el carácter del contenido, el cual efectivamente es muy ‘confuso’ [mélangé];
por lo demás, es prácticamente inevitable que esto suceda en una
revista ‘abierta’ donde falta una unidad de dirección doctrinal”
[pág. 246 de la edición italiana].
¿La
obra de René Guénon carecería, pues, de esta unidad de dirección
doctrinal, dado que el Sr. Maridort juzgó oportuno asignar a uno de
sus trabajos el título de Mélanges?
¿Tenemos
que agradecer a Roger Maridort por este insulto a la memoria de René
Guénon?».
Cuando se tropieza con manifestaciones
de imbecilidad de semejante envergadura, que incluso parecen haber
sido incluidas après coup en un texto por lo demás decoroso,
aunque, a nuestro ver, aquejado por un excesivo y casi morboso
espíritu de análisis, la reacción natural es la de pensar que no
vale siquiera la pena detenerse sobre las extravagantes y ofensivas
imputaciones que de allí descienden, aunque más no sea por respeto
hacia la inteligencia de los propios lectores; pero una reflexión
más madura lleva a recordar que
-
tal como señalábamos hace poco
-
en este tipo de cosas, ciertos influjos, de carácter no precisamente
elevado, tienen la tendencia a conservar, una vez hallado el soporte
idóneo, una deplorable vitalidad. Esta última consideración es la
que nos ha movido a decidir que, en cambio, habría sido bueno, al
fin y al cabo, recoger lo que tenía todas las apariencias de una
provocación declarada; esto habría tenido la virtud de aclarar las
cosas y, sobre todo, de obrar en dirección opuesta a la de tales
influjos, teniendo en cuenta además que, tal como veremos luego,
semejante provocación no es la única en su género por parte del
curador del presente libro. En todo caso lo que diremos, y que
concierne además la historia clandestina de determinados círculos de
personas que aún hoy pueden parecer hallarse
-
del todo injustamente
-
en relación con desarrollos congruos de la obra de René Guénon,
representará para el lector un ejemplo de la importancia que reviste
el planteamiento intelectual correcto que debería derivarse
normalmente de esta última y la peligrosidad que pueden asumir
posturas equivocadas con respecto a ella.
Sin detenernos siquiera a evidenciar
-
de la nota en cuestión
-
la sintaxis y el sarcasmo, ambos muy discutibles (la primera incluso
en francés), comenzaremos haciendo notar que las dos circunstancias
que Happel compara, identificándolas falazmente bajo la cobertura de
una única palabra: Mélanges, en realidad son decididamente
diferentes. El mismo René Guénon nos viene en apoyo en este caso,
por más marginal que sea: lo que él pensaba al respecto está dicho a
las claras justamente al comienzo de la
«Introducción»
de Aperçus sur
l’Initiation, y concierne una circunstancia análoga relativa a
la coordinación de una serie de sus escritos, que él mismo llevara a
cabo:
«Nos
ha sido solicitado, de varias partes y en diversas ocasiones, de
reunir en un libro los artículos que hemos presentado, en la revista
“Études Traditionnelles”, sobre cuestiones que se refieren
directamente a la iniciación; no nos ha sido posible satisfacer de
manera inmediata estos pedidos, porque nosotros consideramos que
un libro debe ser algo bien distinto que una simple recolección de
artículos [la cursiva es nuestra], y esto tanto más que, en el
caso presente, tales artículos, escritos según las circunstancias y
a menudo para responder a preguntas que se nos planteaban, no se
concatenaban como si fueran los capítulos sucesivos de un libro;
hacía falta, pues, revisarlos, completarlos y disponerlos de otro
modo, y esto es lo que hemos hecho aquí».
Happel, quien se precipitó a sacar
provecho de una observación de Guénon que se le antojaba conveniente
para secundar su extraño juego, este elemental principio (a más
especificado por el autor que parece tener en tanto precio) no lo ha
recordado. Lo que tal vez no podía saber, es que René Guénon tal
principio, que de una manera u otra debía revestir para él cierta
importancia, lo corroboró privadamente en una carta del 30 de agosto
de 1950 (pocos meses, por lo tanto, antes de su muerte) a una
persona de su confianza en el ambiente de los
«Études
Traditionnelles»:
«La
seule chose qui pourrait être à faire ce serait de réunir en un ou
en plusieurs volumes (je crois que cela pourrait en former
plusieurs) ceux de mes articles que je n’ai pas encore utilisés dans
mes livres déjà existants;
il y aurait seulement la difficulté de savoir de quelle facon les
arranger pour en former des ensembles aussi cohérents que possible».
[«Lo
único que podría hacerse sería reunir en uno o en varios volumenes
(creo que se podrían formar varios) aquellos de mis artículos que
todavía no he utilizado en mis libros ya existentes; la única
dificuldad sería la de saber de que manera componerlos a fin de
formar, con ellos, conjuntos tan coherentes como sea posible»].
Esto fue llevado a cabo por las
diferentes personas que se sucedieron en este cometido, cada una de
las cuales siguió
-
al ponerlo en práctica
-
las disposiciones que eran propias de su mentalidad y de sus
convicciones, aunque una contribución general había sido requerida
por René Guénon a aquellos que
-
indicados por él
-
habrían debido respaldar al primer encargado de esta tarea, Jean
Reyor, en la elección de los
«temas»
y en la
«línea»
que debía seguir la recopilación. Las vicisitudes a las que se vió
sometido este tipo de trabajo no fueron para nada insignificantes,
ni es de este asunto que queremos ocuparnos aquí, cosa que estaría,
si bien solo parcialmente, como se verá luego, fuera del tema que
estamos desarrollando; lo que podrá en cambio interesar en cierta
medida al lector actual y que se vincula
-
según nuestro ver
-
con la particular actitud del curador de René Guénon et
l’Archeomètre, es el resultado de tal trabajo, que está ahora a
la vista de todos. Las recopilaciones póstumas derivantes fueron
nueve (confirmando así las previsiones que René Guénon hacía en
1950), y son las siguientes, de las que señalaremos asimismo el
curador:
A cargo de Jean Reyor:
Initiation et Réalisation spirituelle
(1952).
Aperçus sur l’ésotérisme chrétien (1954).
A cargo de Michel Vâlsan:
Symboles fondamentaux de la Science sacrée
(1962).
A cargo de Roger Maridort:
Études sur la Franc-Maçonnerie et le
Compagnonnage (1964).
Études sur l’Hindouisme (1966).
Formes traditionnelles et Cycles cosmiques
(1970).
Comptes Rendus (1973).
Aperçus sur l’ésotérisme islamique et le
Taoisme (1973).
Mélanges (1976).
Tal como se puede apreciar en esta
lista, la última fue precisamente Mélanges, de la que es
cuestión en la nota de B. Happel, y ella contiene cuanto de los
escritos de René Guénon aún no publicados en volumen no había podido
ser incluido en las anteriores compilaciones a causa de los temas
característicos de cada una de ellas. Los artículos o ensayos que
ahora la integran implicaban los argumentos más variados, y
abarcaban un período de tiempo de casi cinco decenios; esto es lo
que significa, a propósito de su reunión, la palabra Mélanges
elegida como título, y ella se encuentra, por lo tanto, en perfecta
conformidad con las disposiciones dadas por R.Guénon antes de morir,
y no tiene nada que ver con la unidad doctrinal de los mismos
escritos que contiene el libro, la cual está completamente fuera de
discusión. Por lo demás, esto es lo que dice expresamente su
curador, Roger Maridort, en el breve prólogo puesto a introducción
del libro, prólogo que Bruno Happel no tuvo en cuenta en lo más
mínimo, lo que vuelve su posición de hostilidad respecto al curador
de Mélanges perfectamente pasible de la acusación de mala fe.
Para que el lector pueda juzgar por su propia cuenta,
transcribiremos aquí los párrafos iniciales del prólogo en cuestión:
«Para
permitir su accesibilidad en un libro, evitando así a los lectores
búsquedas en números de revistas ya agotados hace tiempo (10),
hemos reunido con el título de
Mélanges un cierto número de artículos de René Guénon y de
Palingénius, su seudónimo de la época de la “Gnose”,
revista por él fundada en 1909. Hemos dividido el conjunto de estos
artículos en tres partes: Metafísica y Cosmología
-
Ciencias y Artes tradicionales
-
A propósito de algunos errores modernos. Desde el capítulo I de la
Primera Parte, “El Demiurgo”, que, si no nos
equivocamos, es el primer texto que publicó, en 1909 a la edad de 23
años, hasta la “Ciencia profana frente a las doctrinas
tradicionales”, de abril-mayo 1950, transcurrieron más de
cuarenta años. En este intervalo de casi medio siglo no se puede
decir que las posiciones intelectuales de Guénon hayan cambiado
mucho, sobre todo en lo que concierne a las críticas contra el mundo
moderno.
Desde la perspectiva de la exposición
teórica de la Doctrina tradicional, es probable que él hubiese
presentado “El Demiurgo” de otra manera, al menos sobre
ciertos puntos, pero sin cambiar nada del significado profundo,
puesto que su punto de vista metafísico permaneció siempre
invariable».
Puesta así en evidencia la insensatez
del contenido de la nota I del libro de Happel (si es que se puede
hablar de
«contenido»
en un caso semejante), nos ocuparemos de los motivos que han podido
generar la causticidad que ella sin duda alguna demuestra; motivos
de los que, tal como hemos dicho anteriormente, pensamos haber
encontrado un vestigio en otro escrito del mismo autor, aparecido en
el n° 62 (diciembre 1995, enero-febrero 1996) de la revista francesa
«Vers
la Tradition».
En este artículo, asimismo en cierto modo interesante, al igual que
el libro que hemos considerado hasta ahora, Happel bosqueja
sintéticamente los elementos de lo que fue (y es) la relación, entre
la obra de
«René
Guénon y las doctrinas hindúes»,
y para ello se vale, extensiva e inteligentemente, de una reseña de
R. Guénon, escrita para la
«Revue
de philosophie»,
número de marzo-abril 1922,
sobre un trabajo del Rev. P. Wallace titulado
«De
l’Evangélisme au Catholicisme par la route des Indes»,
y sobre todo de un largo post-scriptum de Guénon a su
artículo
«A
propos du poisson»,
publicado en febrero de 1927 por la revista
«Regnabit»,
en el que se trata nuevamente del libro de Wallace. Es
justamente a propósito de este último pasaje de Guénon que Happel
introduce otra nota que a nuestro ver deja traslucir mejor las
verdaderas razones de su animosidad hacia el curador de Mélanges:
«Señalamos
que este texto se halla en la introducción redactada por M. Vâlsan
para la recopilación póstuma de artículos de René Guénon titulada
Symboles fondamentaux de la Science sacrée. Los nuevos lectores de
René Guénon descubren hoy día una recopilación póstuma donde los
mismos símbolos ya no son más fundamentales,¡sin
duda porque quien la había reunido y presentado ya no se encuentra
mencionado y su trabajo tampoco aparece!»
[la cursiva es nuestra].
Dado que estos cambios, que de hecho
se produjeron, fueron llevados a cabo en un período en el que, como
se puede constatar fácilmente observando la lista que presentamos de
las recopilaciones y los tiempos sucesivos de publicación de
las obras póstumas de Guénon, a ocuparse de estas últimas era el
mismo que en fin coordinó más tarde también Mélanges, es
razonable suponer que se le atribuya a él la responsabilidad de las
eventuales modificaciones en las compilaciones precedentes (de
hecho, la sola modificación efectuada fue ésta). Sea lo que fuere de
esta cuestión, que debería interesar únicamente a los Herederos de
René Guénon y a aquéllos que con el tiempo gozaron de su confianza,
veamos si existen, accesibles para todos, otros elementos por los
que se puedan
-
incluso ante esos
«nuevos
lectores de René Guénon»
que parecen interesarle tanto a Bruno Happel
-
justificar los cambios que él tanto desaprobara en la nota de
«Vers
la Tradition»:
para nosotros existen, y están constituídos por un pasaje de René
Guénon que ya citamos en otra ocasión (11)
y por algunos fragmentos de la
«Introducción»
y del
«Anexo
III»
de la recopilación a cargo de Michel Vâlsan, que llevó el título de
Symboles fondamentaux de la Science sacrée (ahora,
simplemente, Symboles de la Science sacrée).
El pasaje de René Guénon al que nos
estamos refiriendo es el párrafo conclusivo del capítulo XXI de
Iniciación y Realización espiritual,
«Verdaderos
y falsos instructores espirituales»,
pág. 138 de la edición italiana; y dice así:
«Los
celos y las rivalidades individuales, de hecho, no pueden tener
ningún lugar en el verdadero ámbito iniciático, mientras que, por el
contrario, ocupan siempre uno grandísimo en el modo de obrar de los
falsos instructores [espirituales]: y son únicamente estos
últimos los que deben ser combatidos, cada vez que las
circunstancias lo exijan, no sólo por los Maestros espirituales
auténticos, sino también por todos aquellos que tengan en alguna
medida conciencia de lo que es realmente la iniciación»
[la cursiva es nuestra].
Los pasajes de Michel Vâlsan a los que
queremos referirnos se presentaban en cambio de esta manera: (del
«Annexe
III»)
«C’est
à propos du symbolisme numéral de certains noms et termes arabes que
la correspondance de R..Guénon avec nous évoque le point laissé en
suspens à la fin de son étude sur la
“Montagne et la Caverne”. [...] Les
circonstances ne nous ont pas permis à l’époque de faire autre chose
que de le remercier pour cette importante communication, de
sorte que nous n’avons pas à citer de sa part quelques appréciations
sur les constatations que nous pouvions faire à ce propos, ni
d’autres considérations qu’il n’aurait pas manqué d’ajouter lui-même
à l’occasion [¿!]».
[«Es
a propósito del simbolismo numérico de ciertos nombres y términos
árabes que la correspondencia que nos destinara R. Guénon menciona
el punto dejado pendiente al final de su estudio sobre “La
Montaña y la Caverna”. [...] Las circunstancias no nos
permitieron hacer en ese entonces otra cosa que agradecerle por tan
importante comunicación, de modo que no podemos citar, [proveniente]
de su parte, alguna apreciación sobre las constataciones que
habríamos podido hacer a propósito de eso, ni otras consideraciones
que seguramente no habría dejado de agregar él mismo en la ocasión
[¿!]»]
[la cursiva es nuestra].
(de la
«Introduction»)
«De
plus, les thèmes symboliques qui dominent cet ensemble, aussi bien
que les sujets particuliers qui foisonnent dans le texte principal
ou dans les notes, prennent des dimensions nouvelles dans l’ordre
des significations, car le
cadre général dans lequel ils ont trouvé leur place engage, en
quelque sorte, les symboles mentionnés à des rapports réciproques
nouveaux, qui peuvent être révélateurs d’aspects et de fonctions non
exprimés encore;»
[...]
«Il
se produira ainsi du côté du lecteur des choses comparables à celles
qui se sont produites couramment du côté de l’auteur
[¡?], à savoir qu’une donnée
symbolique quelconque, secondaire au point de départ, se trouvera
subitement éclairée d’un jour nouveau, dégagée et rehaussée, en
sorte que finalement elle pourra atteindre les significations les
plus élevées[!!!]».
[«Además,
los temas simbólicos que dominan este conjunto [esto es, el de los
artículos en cuestión, recopilados en el volumen de Symboles],
lo mismo que los argumentos particulares que abundan en el texto
principal o en las notas, cobran nuevos alcances en el orden de los
significados, ya que el marco general en el que han sido
colocados lleva, en cierto modo, a los símbolos mencionados a
relaciones recíprocas nuevas, que pueden ser reveladoras de aspectos
y funciones no expresadas todavía;»
[..]
«Se
producirán así, del lado del lector cosas comparables a las que se
produjeron corrientemente del lado del autor [¡?], a saber,
que un dato simbólico cualquiera, secundario al comienzo, se
presentará de repente iluminado por una nueva luz, dilucidado y
puesto de relieve, de modo que finalmente podrá alcanzar sus
significados más elevados [¡?]»]
[la cursiva es nuestra].
No pensamos que haga falta agregar
datos más
«técnicos»
a estos pasajes para mostrar como con la prosa de los mismos nos
encontramos en el caso ilustrado por el paso precedente de Guénon.
Nos limitaremos solamente a decir esto: pese a que no estamos
dispuestos a sostener que no se pueda dar el caso de alguien que
pretenda comprender los argumentos
-
simbólicos o no
-
contenidos en la obra de Guénon, mejor que su propio autor, tenemos
que reconocer con todo que, por lo que nos atañe, ante alguien que
hubiese tenido una semejante ínfula, habríamos pensado como mínimo
que sufriera de megalomanía. Comprendemos, por lo tanto,
perfectamente
-
a diferencia de Bruno Happel
-
que quien tenía la competencia se haya apresurado a separar el
nombre de René Guénon de aquél de un semejante ordenador de sus
escritos.
Después de cuanto hemos dicho, cuya
rememoración ha sido imprudentemente suscitada solamente por la
impertinencia con la que alguien, sea por mala fe sea por simple
ignorancia de los hechos, quiso juzgar a troche y moche de
argumentos en los que era largamente incompetente, nos parecen
suficientemente esclarecidas
-
al menos para quien sepa distinguir, aunque más no sea vagamente,
entre cuestiones concernientes a la iniciación y vanas ínfulas
«literarias»
-
las razones por las que Mélanges tiene este título y aquéllas
otras que han llevado a la supresión de toda huella de la labor del
precedente ordenador de la compilación que ahora lleva por título
Símbolos de la Ciencia sagrada; y esto, que quiera o que no
quiera Bruno Happel (o Hapel), exime a Roger Maridort de todas las
imputaciones calumniosas que él quiso achacarle, directa o
indirectamente. Para terminar, advertiremos al curador de René
Guénon et l'Archéomètre (y a aquéllos en cuyo nombre
eventualmente él hable) que las consideraciones, incluso aquellas
«históricas»,
que constituyeron la materia de nuestro escrito no son las únicas
que sería posible enunciar al respecto; muchas otras podrían ser
enumeradas, en relación a los faits et gestes de la nutrida
serie de sucesores que según parece ha dejado por el mundo el
personaje a quien se debían el
«Annexe
III»
y la
«Introduction»
de que aquí hemos
tratado, personaje que no desdeñó, andando el tiempo, que fuera
dicho públicamente que había sido
«discípulo»
y «continuador»
de René Guénon, por motivos que solo pueden calificarse como
«personales» (12).
Y de todas estas consideraciones, los
prevenimos, el archivo de nuestra
«Revista»
está en condiciones de
producir la necesaria documentación. | |
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