a cura di
Heredom
De la fuente:
Pietro Nutrizio e altri
René Guénon e l'Occidente
Luni Editrice

Traducción:
Jorge Sanguinetti

 

De un «Documento confidencial inédito»
(y de las «aporías» de su «autor»)

De un «Documento confidencial inédito»
(y de las «aporías» de su «autor»)

 

 

 

 

 

Antonello Balestrieri

 

  1. Cuando en el presente estudio nos referiremos a los escritos de R. Guénon sin indicar específicamente su nombre, nos serviremos del término Autor con «A» mayúscula; y esto para evitar confundirlo con el «autor» del documento en cuestión, expresión que nos veremos obligados a adoptar a lo largo de todo nuestro trabajo por razones que se verán.
  2. Un ejemplo de esa pretensión, particularmente oportuno de citar en esta ocasión, es el examinado por P. Nutrizio en su artículo «Un equívoco de fondo», en los nros. 74 y 76 de la «Rivista di Studi Tradizionali». Este artículo partía de la consideración del espíritu con que fue concebido el libro biográfico de J.-P. Laurant, «Le sens caché dans l'oeuvre de René Guénon», y el «Documento» del que se hablará aquí arroja una luz hasta ahora insospechada sobre las relaciones que pueden existir entre los dos «trabajos».
  3. Cf. A. Balestrieri, «"L'Archéomètre" e dintorni», Rivista di Studi Tradizionali n° 84.
  4. «Espeluznante» no nos parece un calificativo demasiado fuerte para reflejar la ligereza con la que fueron difundidas, por parte de varios autores que se ocupan o se han ocupado de temas «tradicionales», y del mismo «autor», informaciones referentes a la actividad de la Logia «La Grande Triade» y del restringido grupo que se titula precisamente «Les Trois Anneaux», contraviniendo descaradamente el compromiso asumido por los componentes de toda Logia de mantener en secreto sus «trabajos». Está fuera de toda duda que quienes a lo largo del tiempo se contagiaron de este tipo de liviandad literaria - fruto evidente de una manía bien occidental de «protagonismo» -, sean quienes fueren, no han comprendido en lo más mínimo el sentido de las advertencias del capítulo «El odio al secreto» del «Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos», en particular en lo que se refiere a la actividad iniciática.
  5. A menos que no se acepten las razones que Dominique Devie, en el artículo que señalamos al comienzo, parece proponer cuando dice: «Como afirmaba uno de los presentadores de los trabajos de Reyor, la publicación de este "Documento" será lo único que pueda poner fin a los usos facciosos a que puede dar lugar [...]». Sólo que a la afirmación de Devie y de su fuente, favorable al «autor» del «Documento», nosotros la interpretamos en un sentido completamente opuesto a lo que él pretende, y para nosotros, como se verá en el curso de este estudio, el «uso faccioso» del Dossier es uso al que estaba destinado por propia naturaleza, es decir el de los ambientes hostiles a la obra de René Guénon y a su Autor...
    Sea lo que sea de esta cuestión específica de cómo otros interpretan la naturaleza del «Documento», en nuestros propósitos este artículo está a su vez dirigido a poner fin a esos «usos facciosos», arrojando un poco de luz sobre la condición adversa al espíritu de la obra de Guénon ínsita en la actividad publicista de su «autor», por lo menos en los últimos decenios de su vida. En realidad, a nuestra manera de ver, el Dossier en cuestión muestra fallas doctrinales y de fondo que deben haber acosado a su redactor durante toda su vida, obsesionándolo con dudas mal resueltas; tan sólo esperamos que nuestro propósito pueda lograr algún reflejo real en el ánimo de nuestros lectores...
  6. Que el «Documento confidencial inédito» tenga por autor verdadero a J. Reyor, es algo que podría verse confirmado también a partir de la siguiente afirmación, formulada con tono seguro y un poco ingenuo, que hallamos en la pág XXXV de la «Nota bio-bibliográfica» redactada por François Secret para el libro de Paul Vulliaud «Histoires et Portraits de Rose-Croix», publicado de manera abundantemente póstuma por Arché en 1987: «Que a Vulliaud no le haya agradado el tono de Guénon [que había reseñado, por ese entonces, dos obras de este autor, "La Kabbale juive" (1925) y "Le Siphra di-Tzeniuta" (1930)] se nota por el "Documento confidencial inédito" de Marcel Clavelle (Jean Reyor), a quien Guénon le había encargado que reorganizara "Le Voile d'Isis" en los "Etudes Traditionnelles"».
    Como se ve, el «memorial», aunque «confidencial», siempre ha circulado ampliamente por los ambientes que profesan - como lo hace Secret - un «antiguenonismo» tan visceral como obtuso, bien que enmascarado de engañosa erudición.
    Secret, quien no pierde ocasión de desparramar a manos llenas los juicios negativos de otros sobre René Guénon, secundando las técnicas denigratorias indirectas que señalamos en los nros. 70, 71 y 73 de la «Rivista di Studi Tradizionali», no deja de referir aquí la «opinión» de Vulliaud sobre Guénon y los «Etudes Traditionnelles»: «Ustedes no son más que una restringida capilla que ha hecho de Guénon su ídolo, quien los ha hechizado con sus historias de iniciación y esoterismo. [Guénon] no es más que un insolente que cree saberlo todo, un arribista [??], un charlatán y un sujeto sospechoso... ¿No es acaso verdad que su "Rey del Mundo" es sólo una farsa, montada ad hoc para figurar como el enviado de un centro misterioso?».
    Palabras copiadas una por una del «Documento inédito», cuyo «autor» no ha hecho así más que anticiparse (conscientemente o no) unos decenios a las técnicas «psicológicas» de Secret y sus asociados.
  7. Nos parece evidente que R. Guénon, quien, como se verá, nunca estuvo a favor de la difusión de notas «biográficas» dedicadas a «explicar» ilusoriamente los contenidos ideológicos de los trabajos de un autor cualquiera (y en particular de los suyos), jamás estuvo enterado de esta incongruente iniciativa de su «colaborador».
  8. Nos vemos obligados a recurrir a esta solución, que justamente puede parecer artificiosa, un poco para conservar el hábito - adoptado siempre por nosotros - de no incluir, en los temas tratados en esta revista, fuera del caso en que ello se demuestre totalmente imposible, referencias a personas, y otro poco para adecuarnos a la voluntad (referida en el mencionado artículo de «C.R.E.T.») de los herederos del «autor» de no propalar su nombre en relación con el «Documento».
    No obstante, es obvio que, al hallarse el nombre en cuestión citado en relación con el «Documento» en escritos ajenos, ya no nos consideramos obligados a la reserva, y asignamos a los autores de tales escritos toda la responsabilidad de la indiscreción. Lo cual, en particular, se ha verificado con el contenido de la nota 6, que aparentemente ha sido pasado por alto por todos, al menos hasta ahora.
    Sin embargo no podemos eximirnos de señalar que el artificio al que nos vemos forzados, por voluntad del «autor» y de sus «derecho habientes», si por un lado complica la comprensión de los temas tratados, por el otro arroja una luz suplementaria sobre las singulares costumbres, más o menos «literarias», de los ambientes a los cuales el «Documento» debía estar destinado y de quienes se han servido de él para difundir a mansalva todo tipo de noticias reservadas acerca de las individualidades de las que se hace abiertamente mención en el «Documento», preservando en cambio la del «autor». Este procedimiento (cuya deslealtad hasta ahora nadie había puesto de manifiesto) no hace más que caracterizar aún más la dudosa «calidad» del contenido mismo del «Documento».
    Quien esté en condiciones de reflexionar con un poco de frialdad sobre todos estos hechos, no puede evitar de arribar a las dos conclusiones generales siguientes:
    1. Los contenidos de un documento histórico-«opinante» como el que comentamos, cuyo autor no puede ser identificado, deberían considerarse como altamente improbables.
    2. Es por lo menos sorprendente que se pueda poner en duda (tal como se hace, siempre, en el artículo de «C.R.E.T.») de que quien haya recurrido a un semejante procedimiento no padeciera de algún «desarreglo psíquico», como ya alguien hizo notar...
  9. Lo cual, por otra parte, no significa que no haya sido también de este libro de donde, más tarde, los trabajos publicados por Arché se han «inspirado». Lo que únicamente queremos decir con esto es que ahora podemos considerar que esa inspiración es, por decirlo así, de segundo nivel.
    En su pseudo-respuesta a nuestros artículos sobre el «plan» antiguenoniano en cuestión, Arché («Charis», nro. 3, pág 286, nota 3) se dolía de que nuestra «Rivista» hasta ahora no se hubiera ocupado sino esporádicamente del trabajo de M.-F. James: pensamos poder afirmar que, a este propósito, el estudio que seguirá cumpla en cierta manera con ese deseo, yendo... directamente a la fuente original.
  10. «La Vie simple de René Guénon» era también el título de un artículo, igualmente biográfico, que P. Chacornac había sacado en el número especial que los «Etudes Traditionnelles» dedicaran a fines de 1951 a la memoria de René Guénon, desaparecido poco antes. En el comienzo del mismo surgían ya, aunque apenas esbozadas, las «justificaciones» por haber tratado de la «vida» de Guénon que más adelante examinaremos.
  11. Obviamente, la numeración que daremos de las páginas del «Documento» corresponde a la compaginación del ejemplar impreso que tenemos en nuestro poder; en función de los caracteres empleados en impresiones diferentes serán posibles otras numeraciones.
  12. Tal participación en la redacción del libro de Chacornac fue admitida por Reyor años más tarde (en el artículo «De quelques énigmes dans l'oeuvre de René Guénon», aparecido en «René Guénon», Cahiers de l'Herne, 1985, p.137), y el mismo «autor» vuelve a referirse a ello en su «Documento», mas en el año 1958, cuando apareció «La vie simple», tan solo era posible deducirlo por el tenor de los pasajes agregados, que por cierto non eran pocos.
  13. Cuán ilusa haya sido esta pretensión de Reyor de haber obrado «al servicio de la verdad», limitándose a mirar las cosas desde afuera (aún aquellas que - como en este caso - conciernen a «hechos» de la vida de René Guénon), se prueba por la lectura de algunos párrafos del último capítulo de la «Vie simple», en los cuales, al describir las «razones» por las que la obra de Guénon tiene la forma que tiene, bajo una apariencia de rigor lógico irreprensible vemos triunfar todos los prejuicios «raciales» de su autor.
    ¡Y es significativo, en esta consideración, observar cómo, después, en el «Documento reservado», en el cual evidentemente el «autor» se «dejó decir», los puntos referentes a estas hipotéticas «razones» - y que en la vida misma de Guénon corresponden todavía a «hechos» bien determinados y diferentes de lo que eran los deseos y las convicciones individuales de Reyor - hayan venido a terminar como otros tantos «errores»!
Es un dato comprobado (señalado ya muchas veces en esta «Revista») que, a falta de voluntad, de coraje, de espíritu de sacrificio, de seriedad y de determinación, y - hay que decirlo - de las cualidades intelectuales indispensables para encarar, sin prejuicio de los resultados que eventualmente se pudieran conseguir, el trabajo interior de realización espiritual cuyos elementos todos han sido sugeridos por René Guénon en sus escritos, se va difundiendo en nuestra época, y desde que estos últimos han comenzado a salir a la luz, una tendencia así y todo siempre creciente a ocuparse de ellos y de su Autor (1). Y lo que en tales condiciones pueda decirse, como proviene de un acercamiento «desde afuera», no podrá nunca concordar con el alcance real de estos escritos ni con las verdaderas intenciones del Autor, y será entonces ilusorio pretender que los trabajos así afectados por una semejante limitación puedan calificarse como «tradicionales» (2).

En realidad, los frutos de esta tendencia, especialmente cuando pretenden evadir la autoridad de la obra de Guénon, no pueden ser sino lamentables, y cuando se muestra alguno nuevo la primera reacción que suscita, como ya hemos dicho en el número anterior (3), es el desinterés, porque en realidad, en sí, no merecerían que se les consagre el más mínimo tiempo. Si no fuera que, de una forma u otra, tales producciones no pueden dejar de contener algún inserto de las disolventes influencias que siempre están dispuestas a atacar, en el ánimo y en la mente de los lectores, los contenidos de la obra de René Guénon (de la que hemos frecuentemente afirmado nuestra convicción de que, en sí y por sí, es inatacable, como todo lo que emana del espíritu); por no hablar de los derechos inalienables de la verdad.

Por dicho motivo, y aunque ello no sea de nuestro agrado, a partir de este número y por todo el tiempo que fuera necesario, trataremos de una cuestión que la revista francesa de reciente publicación «Cahiers de Recherches et d'Etudes Traditionnelles» señalaba en su nro. 6 (otoño-invierno 1994), en un artículo titulado «Clavelle/Reyor, la loge "Les Trois Anneaux" et le "Document confidentiel inédit"», con la firma de Dominique Devie. Dejando de lado el tema del medio, dada su naturaleza inaccesible a cualquier aproximación con el público (4), nos ocuparemos exclusivamente del primero y del tercero (que en fin de cuentas constituyen una sola cosa), pues en el interin ha salido a la luz, difundido por ese canal esencialmente incontrolable que es Internet, el «Documento» del que trata el artículo. Advertimos a nuestros lectores, a fin de evitar malentendidos, que en su examen nos limitaremos a los contenidos (y no a todos, sino solamente a aquellos que pueden tener relación con los intereses sobre todo doctrinales de un lector de la obra de R. Guénon) de lo que se presenta como un «memorial», y, sean cuales fueran las informaciones «personales» que eventualmente pudieramos poseer sobre quien se presume que sea su autor, las mismas no formarán parte de ninguna manera, ni a favor ni en contra, de la formulación de nuestro juicio final sobre el «Documento».

Damos por descontado, obviamente, que lo que está en Internet constituye de hecho todo el texto y solamente el texto de la composición; si algo de cuanto referiremos (y sobre lo que haremos nuestras reflexiones) no se ajustara con esta hipótesis, no será pues nuestra la responsabilidad, sino de quien, por razones que todavía no percibimos con claridad (5), ha decidido confiar a este medio el «Documento confidencial inédito».

Daremos también por descontado, pues pensamos que ante lo que semejante texto dice no se puede hacer de otro modo, que su autor sea verdaderamente el sujeto de quien se hace proceder el «Documento» (de hecho, ¿quién si nó podría haber estado al tanto de todos los hechos que allí se refieren?) (6); y, además, la existencia de otro «memorial», aunque de tono ligeramente menos «frívolo» que éste, emitido por el mismo autor (y en este caso de modo cierto para nosotros) en el curso del último año de la vida de René Guénon (7), viene en apoyo de la afirmada paternidad del actual.

Sean las cosas como fueran a este respecto, es decir cualquiera sea la identidad «física» de quien materialmente ha escrito estas páginas, identidad que para nosotros no tiene la más mínima importancia si no fuera por el hecho de que evidentemente pertenece a alguien que realmente fue un «cercano» de Guénon en un cierto aspecto, dejaremos de lado en nuestro trabajo, repetimos, todo juicio o consideración «personal» sobre él, y nos limitaremos a considerar - como es debido - las ideas y actitudes de quien seguiremos llamando el «autor» del «Documento», frente a la obra de René Guénon y de su función (8).

Y que no se contraríen quienes han colaborado en la publicación de esta dudosa «pieza de literatura», si ya decimos que, para nosotros, no hay diferencia alguna (como parece encontrar el «autor») entre la persona de Guénon y su función; tal vez no lo comprendan, pero esta es precisamente la diferencia que existe entre un «profano» y un hombre de tradición en el sentido que René Guénon indica.

Cuando, hace algunos años, nos dispusimos a escribir la serie de artículos que titulamos «Nuevas técnicas de ataque a la obra de René Guénon», los que estaban concebidos para oponerse a los textos que la editorial Arché había por aquel entonces comenzado a publicar, sutilmente encaminados a presentar bajo una dudosa luz la obra de René Guénon y la imagen de su Autor, estábamos en la impresión (y lo dijimos claramente) de que tales publicaciones no fueran más que un difuso «desarrollo» de temas y episodios que se encontraban in nuce en el libro de M.-F. James «Esotérisme et Christianisme autour de René Guénon», aparecido unos años antes. Precisamente por este libro (pero no solamente por él) sabíamos de la existencia de un «Document confidentiel inédit», que con toda probabilidad debía provenir del escritor francés Jean Reyor, seudónimo - como otros - de Marcel Clavelle, identificado expeditamente por François Secret, como se vió, como aquél «a quien Guénon le había encargado que reorganizara "Le Voile d'Isis" en los "Etudes Traditionnelles"»; sin embargo, obviamente todavía no habíamos podido leer el «Documento» mismo, que era, como lo dice su convencional subtítulo (que es suficientemente revelador para quien esté al corriente de las costumbres... policíacas de ciertos ambientes), «confidencial».

Ahora que ya tenemos en nuestras manos una copia impresa del mismo, hemos podido comprobar finalmente que no sólo el libro de M.-F. James, lejos de ser «autosuficiente» como pensábamos, echa sus raíces y profundamente en él, sino que lo mismo ocurre con un buen número de otros trabajos (entre los cuales las «biografías razonadas» de J.-P. Laurant y de J. Robin), y que en definitiva es de allí que ha cobrado impulso el «plan» anti-tradicional del que hemos discurrido con cierta amplitud en «Nuevas técnicas de ataque» (9); asimismo, es a partir de un cuidadoso análisis del citado «Documento», según podemos deducir, que ha surgido en particular la idea de incluir en el «plan» la reimpresión de todos los artículos de Reyor (Arché y Editions Traditionnelles), cuya «suma» - escritos provenientes de antes y después de la muerte de R. Guénon - es tan apropiada para confundir, hoy, las ideas de quienes por primera vez se acercan a la obra de este Autor.

El «memorial» que aparece en Internet lleva en realidad como título la expresión «Quelques souvenirs sur René Guénon et les Etudes Traditionnelles», y por una de sus frases puede datárselo de 1963, pero, para situarlo con mayor propiedad ya sea en el tiempo como - especialmente - en la mentalidad de su «autor» y del ambiente en donde nació, si la datación es exacta, conviene recordar que ya anteriormente, en 1958, las Editions Traditionnelles habían publicado un singular libro sobre la «Vie simple de René Guénon», donde sobre todo sonaba fuera de lugar el adjetivo con que se califica la «vida» de Guénon (10).

Corría por entonces el período en que la revista que había sido «de René Guénon» venía de sufrir una reorganización más o menos forzada, como dice el mismo «autor» en la pág 51 de su «Documento» (11), reorganización cuyo resultado había sido que en ella se presentaran, junto a trabajos de F. Schuon, M. Lings, R. Allar (que, en el interin, el que más y el que menos se habían alejado visiblemente del espíritu de la obra de René Guénon, sin darlo a conocer a los lectores) y de otros colaboradores más seguros o más «anodinos», también los de un «grupo católico» reclutado para el caso por Reyor, y en donde el lector podía hallar, como apertura anual (1956, nro. de enero-febrero), citas extraídas de un texto de Guénon entremezcladas con otras provenientes de un escrito del Cardenal Tisserand...

«La Vie simple de René Guénon» traía la firma de Paul Chacornac, propietario de las Editions Traditionnelles, pero no era difícil, leyéndolo con un poco de atención, descubrir que su pluma había sido «sostenida» por alguien más, y adivinar que ese alguien no era otro que el «autor» del «Documento», quien a todas luces había redactado enteramente al menos su último capítulo, «Après le départ du semeur» (12). Este capítulo prefigura, si así puede decirse, el «memorial» que tenemos ante nuestros ojos, por lo menos en sus directrices (no había, sin embargo, huellas de nombres de personas o de informaciones sobre ellas, de las que en cambio rebosa el «Documento», al punto de dar cabida a las peores conjeturas, y sobre todo carecía de la acrimonia hacia Guénon que caracteriza a este último). Quedaba en pie el hecho, sorprendente y también algo alarmante, de que el mismo editor «oficial» de René Guénon fuera quien decidiera publicar, por vez primera, una «biografía» de este Autor, cuyos lectores de buena fe no podían desconocer que él mismo había escrito un estudio («Noms profanes et noms initiatiques»), aparecido en 1935, en el que, entre otras muchas consideraciones relativas a cosas desconocidas o totalmente olvidadas por siglos en Europa, se incluía también ésta que, aunque larga, transcribimos por entero aquí:

«Por lo demás, incluso en el orden profano, cabe extrañarse de la importancia que se atribuye en nuestros días a la individualidad de un autor y a todo lo que le concierne de cerca o de lejos; ¿depende acaso el valor de la obra de alguna manera de estas cosas? Por otra parte, es fácil constatar que la preocupación de vincular el propio nombre a una obra será tanto menos frecuente en una civilización cuanto más estrechamente ella se encuentre unida a los principios tradicionales, de los cuales, en efecto, el "individualismo" en todas sus formas constituye verdaderamente la negación propia. Es fácil comprender que todas estas cosas están ligadas entre sí, y no queremos insistir más, puesto que son temas sobre los que nos hemos explicado a menudo; a pesar de todo, nos ha parecido que no sería inútil indicar una vez más, en esta ocasión, el papel del espíritu anti-tradicional, característico de la época moderna, como causa principal de la incomprensión de las realidades iniciáticas y de la tendencia a reducirlas a los puntos de vista profanos. Es este espíritu el que, actuando con nombres tales como "humanismo" y "racionalismo", se esfuerza constantemente, desde hace siglos, en reducir todo a las proporciones de la individualidad humana vulgar, es decir de la porción restringida que conocen los profanos, y en negar todo lo que supera este dominio angostamente limitado, por tanto en particular todo lo que depende de la iniciación, a cualquier nivel que sea. Casi no hay necesidad de indicar que las consideraciones que venimos de exponer se basan esencialmente en la doctrina metafísica de los estados múltiples del ser, de la cual son una aplicación directa; ¿cómo podrían comprender esta doctrina aquellos que pretenden hacer del hombre individual, e incluso de su sola modalidad corporal, un todo completo y cerrado, un ser que se basta a sí mismo, en lugar de ver lo que en realidad es, o sea la manifestación contingente y transitoria de un ser en un dominio muy particular entre una multitud indefinida de dominios cuyo conjunto constituye la Existencia universal, y a los cuales corresponden - siempre para este mismo ser - otras tantas modalidades y estados diferentes, de los que le será posible tomar conciencia precisamente siguiendo la vía que abre la iniciación?» [la cursiva es nuestra].

A partir pues de este simple hecho, es decir de la publicación de un libro como «La Vie simple de René Guénon», (y sin siquiera considerar todas las demás observaciones que habrá de incluir nuestro artículo) se puede ya adivinar lo profundamente mistificadoras que son, y por tanto de mala fe - y precisamente en ese campo doctrinal o «teórico» que para nosotros es fundamental -, todas las conjeturas de aquellos que luego vinieron a sostener que el «autor», en sus estudios, fue «siempre respetuoso del espíritu del opus guenoniano» (de la «Introducción» de J. Thomas al primer tomo de la compilación de artículos de J. Reyor titulada «Pour un aboutissement de l'oeuvre de René Guénon», Arché, Milán).

Bien sabemos que a lo que acabamos de decir se podría objetar (y no faltará quien lo haga) que en el prefacio de la «Vie simple de René Guénon», P. Chacornac decía también: «Nos sentimos, pues, casi tentados de excusarnos por haber emprendido [el trabajo biográfico en que consiste el libro], pues una biografía de René Guénon puede, con razón, llegar a sorprender ya sea a sus lectores habituales como a sus amigos más próximos, aquellos que lo conocieron personalmente. En efecto, René Guénon dijo muchas veces que en el ámbito tradicional, el único que tuviese importancia a sus ojos, las individualidades no cuentan. Pero nada podemos hacer contra el hecho de que el mundo en que vivimos se interesa más frecuentemente en las individualidades que en las obras [...]» [la cursiva es nuestra].

Esta afirmación, confrontada con el citado texto de Guénon, aunque denota una cierta honestidad en quien la ha emitido (¿o la simple preocupación de precaverse por lo que pudiera sobrevenir...?), no deja sin embargo de demostrar, como veníamos diciendo, que el espíritu con el que no podía dejar de estar concebido un tal libro no concordaba con el de la obra de René Guénon, la cual de ninguna manera transa con esa mentalidad profana que, por lo contrario y con toda evidencia, impregna las declaraciones de Chacornac/Reyor que comentamos.

Tal mentalidad no dejará de manifestarse casi irrefrenablemente a lo largo de todo el «Documento confidencial inédito», con lo cual no es de extrañar que este último haya podido constituir una «puerta abierta de par en par» para las influencias contra-tradicionales que después acabaron por cuajar en los subsiguientes trabajos «biográficos» que hemos recordado. Y si en el «Avant-propos» de la «Vie simple», Chacornac/Reyor prosigue excusándose de su proceder diciendo, más bien farisaicamente, que a ello había sido llevado por el temor de que «a falta de poder escribir la historia [de R. Guénon] no se constituyeran luego en su lugar leyendas, cuyas intenciones pudieran ser muy diversas y hasta opuestas [¿pero a qué?]», y que para evitar esta circunstancia era «sobre el terreno de los hechos» que él «pretendía mantenerse», viendo ahora los resultados que a partir de tal iniciativa supieron alcanzar tanto él mismo como otros, no se puede dejar de convenir con lo que decía René Guénon, esto es que los hechos - por sí mismos - jamás probarán la exactitud de una teoría.

De suerte que ya estamos en condiciones de afirmar, como lo hacemos, que está muy lejos de corresponder a alguna realidad la pretensión final de J. Reyor de haber llevado a cabo - juntando por vez primera algunas vicisitudes inconexas del iter humano de René Guénon (aunque, como dice, «en un nivel bien modesto») - una «obra al servicio de la verdad» (13).

El «Documento» que examinaremos está ante nuestros ojos para probarlo.
 Segunda parte