Es un dato comprobado (señalado ya muchas veces en esta «Revista») que, a falta de voluntad, de coraje, de espíritu de sacrificio, de seriedad y de determinación, y - hay que decirlo - de las cualidades intelectuales indispensables para encarar, sin prejuicio de los resultados que eventualmente se pudieran conseguir, el trabajo interior de realización espiritual cuyos elementos todos han sido sugeridos por René Guénon en sus escritos, se va difundiendo en nuestra época, y desde que estos últimos han comenzado a salir a la luz, una tendencia así y todo siempre creciente a ocuparse de ellos y de su Autor (1). Y lo que en tales condiciones pueda decirse, como proviene de un acercamiento «desde afuera», no podrá nunca concordar con el alcance real de estos escritos ni con las verdaderas intenciones del Autor, y será entonces ilusorio pretender que los trabajos así afectados por una semejante limitación puedan calificarse como «tradicionales» (2).
En realidad, los frutos de esta tendencia, especialmente cuando pretenden evadir la autoridad de la obra de Guénon, no pueden ser sino lamentables, y cuando se muestra alguno nuevo la primera reacción que suscita, como ya hemos dicho en el número anterior (3), es el desinterés, porque en realidad, en sí, no merecerían que se les consagre el más mínimo tiempo. Si no fuera que, de una forma u otra, tales producciones no pueden dejar de contener algún inserto de las disolventes influencias que siempre están dispuestas a atacar, en el ánimo y en la mente de los lectores, los contenidos de la obra de René Guénon (de la que hemos frecuentemente afirmado nuestra convicción de que, en sí y por sí, es inatacable, como todo lo que emana del espíritu); por no hablar de los derechos inalienables de la verdad.
Por dicho motivo, y aunque ello no sea de nuestro agrado, a partir de este número y por todo el tiempo que fuera necesario, trataremos de una cuestión que la revista francesa de reciente publicación «Cahiers de Recherches et d'Etudes Traditionnelles» señalaba en su nro. 6 (otoño-invierno 1994), en un artículo titulado «Clavelle/Reyor, la loge "Les Trois Anneaux" et le "Document confidentiel inédit"», con la firma de Dominique Devie. Dejando de lado el tema del medio, dada su naturaleza inaccesible a cualquier aproximación con el público (4), nos ocuparemos exclusivamente del primero y del tercero (que en fin de cuentas constituyen una sola cosa), pues en el interin ha salido a la luz, difundido por ese canal esencialmente incontrolable que es Internet, el «Documento» del que trata el artículo. Advertimos a nuestros lectores, a fin de evitar malentendidos, que en su examen nos limitaremos a los contenidos (y no a todos, sino solamente a aquellos que pueden tener relación con los intereses sobre todo doctrinales de un lector de la obra de R. Guénon) de lo que se presenta como un «memorial», y, sean cuales fueran las informaciones «personales» que eventualmente pudieramos poseer sobre quien se presume que sea su autor, las mismas no formarán parte de ninguna manera, ni a favor ni en contra, de la formulación de nuestro juicio final sobre el «Documento».
Damos por descontado, obviamente, que lo que está en Internet constituye de hecho todo el texto y solamente el texto de la composición; si algo de cuanto referiremos (y sobre lo que haremos nuestras reflexiones) no se ajustara con esta hipótesis, no será pues nuestra la responsabilidad, sino de quien, por razones que todavía no percibimos con claridad (5), ha decidido confiar a este medio el «Documento confidencial inédito».
Daremos también por descontado, pues pensamos que ante lo que semejante texto dice no se puede hacer de otro modo, que su autor sea verdaderamente el sujeto de quien se hace proceder el «Documento» (de hecho, ¿quién si nó podría haber estado al tanto de todos los hechos que allí se refieren?) (6); y, además, la existencia de otro «memorial», aunque de tono ligeramente menos «frívolo» que éste, emitido por el mismo autor (y en este caso de modo cierto para nosotros) en el curso del último año de la vida de René Guénon (7), viene en apoyo de la afirmada paternidad del actual.
Sean las cosas como fueran a este respecto, es decir cualquiera sea la identidad «física» de quien materialmente ha escrito estas páginas, identidad que para nosotros no tiene la más mínima importancia si no fuera por el hecho de que evidentemente pertenece a alguien que realmente fue un «cercano» de Guénon en un cierto aspecto, dejaremos de lado en nuestro trabajo, repetimos, todo juicio o consideración «personal» sobre él, y nos limitaremos a considerar - como es debido - las ideas y actitudes de quien seguiremos llamando el «autor» del «Documento», frente a la obra de René Guénon y de su función (8).
Y que no se contraríen quienes han colaborado en la publicación de esta dudosa «pieza de literatura», si ya decimos que, para nosotros, no hay diferencia alguna (como parece encontrar el «autor») entre la persona de Guénon y su función; tal vez no lo comprendan, pero esta es precisamente la diferencia que existe entre un «profano» y un hombre de tradición en el sentido que René Guénon indica.
Cuando, hace algunos años, nos dispusimos a escribir la serie de artículos que titulamos «Nuevas técnicas de ataque a la obra de René Guénon», los que estaban concebidos para oponerse a los textos que la editorial Arché había por aquel entonces comenzado a publicar, sutilmente encaminados a presentar bajo una dudosa luz la obra de René Guénon y la imagen de su Autor, estábamos en la impresión (y lo dijimos claramente) de que tales publicaciones no fueran más que un difuso «desarrollo» de temas y episodios que se encontraban in nuce en el libro de M.-F. James «Esotérisme et Christianisme autour de René Guénon», aparecido unos años antes. Precisamente por este libro (pero no solamente por él) sabíamos de la existencia de un «Document confidentiel inédit», que con toda probabilidad debía provenir del escritor francés Jean Reyor, seudónimo - como otros - de Marcel Clavelle, identificado expeditamente por François Secret, como se vió, como aquél «a quien Guénon le había encargado que reorganizara "Le Voile d'Isis" en los "Etudes Traditionnelles"»; sin embargo, obviamente todavía no habíamos podido leer el «Documento» mismo, que era, como lo dice su convencional subtítulo (que es suficientemente revelador para quien esté al corriente de las costumbres... policíacas de ciertos ambientes), «confidencial».
Ahora que ya tenemos en nuestras manos una copia impresa del mismo, hemos podido comprobar finalmente que no sólo el libro de M.-F. James, lejos de ser «autosuficiente» como pensábamos, echa sus raíces y profundamente en él, sino que lo mismo ocurre con un buen número de otros trabajos (entre los cuales las «biografías razonadas» de J.-P. Laurant y de J. Robin), y que en definitiva es de allí que ha cobrado impulso el «plan» anti-tradicional del que hemos discurrido con cierta amplitud en «Nuevas técnicas de ataque» (9); asimismo, es a partir de un cuidadoso análisis del citado «Documento», según podemos deducir, que ha surgido en particular la idea de incluir en el «plan» la reimpresión de todos los artículos de Reyor (Arché y Editions Traditionnelles), cuya «suma» - escritos provenientes de antes y después de la muerte de R. Guénon - es tan apropiada para confundir, hoy, las ideas de quienes por primera vez se acercan a la obra de este Autor.
El «memorial» que aparece en Internet lleva en realidad como título la expresión «Quelques souvenirs sur René Guénon et les Etudes Traditionnelles», y por una de sus frases puede datárselo de 1963, pero, para situarlo con mayor propiedad ya sea en el tiempo como - especialmente - en la mentalidad de su «autor» y del ambiente en donde nació, si la datación es exacta, conviene recordar que ya anteriormente, en 1958, las Editions Traditionnelles habían publicado un singular libro sobre la «Vie simple de René Guénon», donde sobre todo sonaba fuera de lugar el adjetivo con que se califica la «vida» de Guénon (10).
Corría por entonces el período en que la revista que había sido «de René Guénon» venía de sufrir una reorganización más o menos forzada, como dice el mismo «autor» en la pág 51 de su «Documento» (11), reorganización cuyo resultado había sido que en ella se presentaran, junto a trabajos de F. Schuon, M. Lings, R. Allar (que, en el interin, el que más y el que menos se habían alejado visiblemente del espíritu de la obra de René Guénon, sin darlo a conocer a los lectores) y de otros colaboradores más seguros o más «anodinos», también los de un «grupo católico» reclutado para el caso por Reyor, y en donde el lector podía hallar, como apertura anual (1956, nro. de enero-febrero), citas extraídas de un texto de Guénon entremezcladas con otras provenientes de un escrito del Cardenal Tisserand...
«La Vie simple de René Guénon» traía la firma de Paul Chacornac, propietario de las Editions Traditionnelles, pero no era difícil, leyéndolo con un poco de atención, descubrir que su pluma había sido «sostenida» por alguien más, y adivinar que ese alguien no era otro que el «autor» del «Documento», quien a todas luces había redactado enteramente al menos su último capítulo, «Après le départ du semeur» (12). Este capítulo prefigura, si así puede decirse, el «memorial» que tenemos ante nuestros ojos, por lo menos en sus directrices (no había, sin embargo, huellas de nombres de personas o de informaciones sobre ellas, de las que en cambio rebosa el «Documento», al punto de dar cabida a las peores conjeturas, y sobre todo carecía de la acrimonia hacia Guénon que caracteriza a este último). Quedaba en pie el hecho, sorprendente y también algo alarmante, de que el mismo editor «oficial» de René Guénon fuera quien decidiera publicar, por vez primera, una «biografía» de este Autor, cuyos lectores de buena fe no podían desconocer que él mismo había escrito un estudio («Noms profanes et noms initiatiques»), aparecido en 1935, en el que, entre otras muchas consideraciones relativas a cosas desconocidas o totalmente olvidadas por siglos en Europa, se incluía también ésta que, aunque larga, transcribimos por entero aquí:
«Por lo demás, incluso en el orden profano, cabe extrañarse de la importancia que se atribuye en nuestros días a la individualidad de un autor y a todo lo que le concierne de cerca o de lejos; ¿depende acaso el valor de la obra de alguna manera de estas cosas? Por otra parte, es fácil constatar que la preocupación de vincular el propio nombre a una obra será tanto menos frecuente en una civilización cuanto más estrechamente ella se encuentre unida a los principios tradicionales, de los cuales, en efecto, el "individualismo" en todas sus formas constituye verdaderamente la negación propia. Es fácil comprender que todas estas cosas están ligadas entre sí, y no queremos insistir más, puesto que son temas sobre los que nos hemos explicado a menudo; a pesar de todo, nos ha parecido que no sería inútil indicar una vez más, en esta ocasión, el papel del espíritu anti-tradicional, característico de la época moderna, como causa principal de la incomprensión de las realidades iniciáticas y de la tendencia a reducirlas a los puntos de vista profanos. Es este espíritu el que, actuando con nombres tales como "humanismo" y "racionalismo", se esfuerza constantemente, desde hace siglos, en reducir todo a las proporciones de la individualidad humana vulgar, es decir de la porción restringida que conocen los profanos, y en negar todo lo que supera este dominio angostamente limitado, por tanto en particular todo lo que depende de la iniciación, a cualquier nivel que sea. Casi no hay necesidad de indicar que las consideraciones que venimos de exponer se basan esencialmente en la doctrina metafísica de los estados múltiples del ser, de la cual son una aplicación directa; ¿cómo podrían comprender esta doctrina aquellos que pretenden hacer del hombre individual, e incluso de su sola modalidad corporal, un todo completo y cerrado, un ser que se basta a sí mismo, en lugar de ver lo que en realidad es, o sea la manifestación contingente y transitoria de un ser en un dominio muy particular entre una multitud indefinida de dominios cuyo conjunto constituye la Existencia universal, y a los cuales corresponden - siempre para este mismo ser - otras tantas modalidades y estados diferentes, de los que le será posible tomar conciencia precisamente siguiendo la vía que abre la iniciación?» [la cursiva es nuestra].
A partir pues de este simple hecho, es decir de la publicación de un libro como «La Vie simple de René Guénon», (y sin siquiera considerar todas las demás observaciones que habrá de incluir nuestro artículo) se puede ya adivinar lo profundamente mistificadoras que son, y por tanto de mala fe - y precisamente en ese campo doctrinal o «teórico» que para nosotros es fundamental -, todas las conjeturas de aquellos que luego vinieron a sostener que el «autor», en sus estudios, fue «siempre respetuoso del espíritu del opus guenoniano» (de la «Introducción» de J. Thomas al primer tomo de la compilación de artículos de J. Reyor titulada «Pour un aboutissement de l'oeuvre de René Guénon», Arché, Milán).
Bien sabemos que a lo que acabamos de decir se podría objetar (y no faltará quien lo haga) que en el prefacio de la «Vie simple de René Guénon», P. Chacornac decía también: «Nos sentimos, pues, casi tentados de excusarnos por haber emprendido [el trabajo biográfico en que consiste el libro], pues una biografía de René Guénon puede, con razón, llegar a sorprender ya sea a sus lectores habituales como a sus amigos más próximos, aquellos que lo conocieron personalmente. En efecto, René Guénon dijo muchas veces que en el ámbito tradicional, el único que tuviese importancia a sus ojos, las individualidades no cuentan. Pero nada podemos hacer contra el hecho de que el mundo en que vivimos se interesa más frecuentemente en las individualidades que en las obras [...]» [la cursiva es nuestra].
Esta afirmación, confrontada con el citado texto de Guénon, aunque denota una cierta honestidad en quien la ha emitido (¿o la simple preocupación de precaverse por lo que pudiera sobrevenir...?), no deja sin embargo de demostrar, como veníamos diciendo, que el espíritu con el que no podía dejar de estar concebido un tal libro no concordaba con el de la obra de René Guénon, la cual de ninguna manera transa con esa mentalidad profana que, por lo contrario y con toda evidencia, impregna las declaraciones de Chacornac/Reyor que comentamos.
Tal mentalidad no dejará de manifestarse casi irrefrenablemente a lo largo de todo el «Documento confidencial inédito», con lo cual no es de extrañar que este último haya podido constituir una «puerta abierta de par en par» para las influencias contra-tradicionales que después acabaron por cuajar en los subsiguientes trabajos «biográficos» que hemos recordado. Y si en el «Avant-propos» de la «Vie simple», Chacornac/Reyor prosigue excusándose de su proceder diciendo, más bien farisaicamente, que a ello había sido llevado por el temor de que «a falta de poder escribir la historia [de R. Guénon] no se constituyeran luego en su lugar leyendas, cuyas intenciones pudieran ser muy diversas y hasta opuestas [¿pero a qué?]», y que para evitar esta circunstancia era «sobre el terreno de los hechos» que él «pretendía mantenerse», viendo ahora los resultados que a partir de tal iniciativa supieron alcanzar tanto él mismo como otros, no se puede dejar de convenir con lo que decía René Guénon, esto es que los hechos - por sí mismos - jamás probarán la exactitud de una teoría.
De suerte que ya estamos en condiciones de afirmar, como lo hacemos, que está muy lejos de corresponder a alguna realidad la pretensión final de J. Reyor de haber llevado a cabo - juntando por vez primera algunas vicisitudes inconexas del iter humano de René Guénon (aunque, como dice, «en un nivel bien modesto») - una «obra al servicio de la verdad» (13).
El «Documento» que examinaremos está ante nuestros ojos para probarlo.