a cura di Heredom |
|
De la fuente: Rivista di Studi Tradizionali n. 93, Luglio - Dicembre 2001
Traducción: Bernardo Durante
|
|
Sobre René Guénon y los «Superiores Incognitos»
Sobre René Guénon y los «Superiores Incognitos»
Antonello Balestrieri
|
- Más tarde (desde 1923) Boulet. Ver L'ésotériste René Guénon en «La Pensée Catholique», 1962, n° 77, p.23.
- «Rivista di Studi Tradizionali», n° 87, julio-diciembre 1988, p. 96, nota 6.
- Ver Esotérisme et Christianisme autour de René Guénon, p. 134. A partir de la página 131 del mismo libro, M.-F. James se expresa, de manera deliberadamente menospreciativa sobre las posiciones de Guénon, en los siguientes términos: «[...] Aquí, como por lo que sigue, en un conjunto de artículos que quieren ser de interés propiamente documental [?!], Guénon se muestra tan parsimonioso como Clarin de la Rive en lo que respecta al análisis critico de los textos presentados - sosteniendo de tal modo el método dudoso patrocinado por Copin-Albancelli: "[...] los anti-masones deberían buscar en todas direcciones y dejar que sea el público quien juzgue de sus hallazgos"... como si el público estuviera en condiciones de discernir lo verdadero de lo falso, la verdad de la mentira, en esta inextricable maraña en la que los mismos especialistas [!?] se las ven negras para no perder la brújula. [...] Todos los documentos, teosóficos, gnósticos, etc., que [Guénon] presenta, todos los escritos, numerosos y anónimos, discernibles por el estilo y el contenido [...], son cuidadosamente escogidos [triés sur le volet] y sutilmente dispuestos en función de una perspectiva desviadora. Enmarañador de pistas... sus exposiciones no quieren ser más que una estructura de sobrentendidos, un pensamiento nebuloso tendiente a neutralizar en sus lectores cualquier juicio elaborado, a mantener en suspenso cualquier interrogación; táctica embozada encaminada a formar un nuevo "estado de ánimo"; [...]». Una valiente serie de... cumplidos, como puede verse, todos ellos destinados a probar que ¡«el aporte [de Guénon] no favorecerá para nada un discernimiento cristiano de la problemática masónico-ocultista»! Lo que, a la postre de esta acrimoniosa sarta de falsas imputaciones, no resulta fácil de entender a un lector distraído, es que el «discernimiento cristiano» de que habla M.-F. James correspondería a una interpretación progresista,
y por lo tanto antitradicional, de la doctrina occidental; esa misma interpretación, pues, sobre la que ha sido fabricado todo el mundo moderno y que ha sido abrazada entusiásticamente por los actuales exponentes del Catolicismo por cortedad intelectual y por amor de «potencia»... Pero la más infame de todas las calumnias contenidas en este paso del libro de M.-F. James es todavía otra, y es la que corresponde a la tentativa de definir la intención de Guénon subyacente a su exposición sobre la naturaleza y la actividad de los
Superiores Incógnitos como «subrepticia» (así es como traducimos la expresión «non avoué», página 132); esta presentación de los artículos originales concernientes dicho argumento tendrá por lo tanto, aparte de la finalidad que diremos más adelante, la virtud de mostrar como no hubo nada más claro y declarado que la acción del «joven» Guénon en la ocasión.
- Hay que reconocer que esta demostración no podía dejar de ser además muy prudente, come deja ver aquí el condicional utilizado, impuesto por lo inusitado de la materia tratada para el ambiente donde venían expuestas por primera vez tales consideraciones.
- Dijimos «que lo animaba»; deberíamos haber dicho
«que hubiera debido animarlo», porque aquí intervendría (de lo que es bien
consciente M.-F. James...) la consideración de la compleja figura de su
director, Clarin de la Rive, que sigue constituyendo un serio problema para los
ambientes de que forma parte la autora canadiense (así como lo ha constituido
para el «autor» del Documento confidencial inédito); pero en esta oportunidad no cabe tratar de este argumento.
|
En el número 89 de la «Rivista di Studi Tradizionali» (julio-diciembre 1999)
aprovechábamos una apreciación expresada por nosotros en una de las
entregas del comentario sobre el Documento confidencial inédito
(entonces para nosotros, oficialmente, de «autor» desconocido) para
volver sobre un argumento que ya habíamos tratado, pero que se
conoce que podía interesar aún a algunos de nuestros lectores,
quienes parecían tener ideas algo confusas sobre el mismo.
Se trataba de la participación juvenil de René Guénon en «escuelas»
neoespiritualistas de principios del siglo XX, y nuestro escrito
hacía las veces de introducción a la traducción italiana de uno de
los primeros estudios de Guénon sobre esta materia; este estudio
nos parecía, por sí mismo, totalmente suficiente para despejar el
terreno de toda sospecha que se pudiese mantener todavía sobre las
verdaderas razones de tal participación, fundamentalmente dirigida,
de parte de René Guénon, a documentarse sobre la ilegitimidad de las
pretensiones de «intelectualidad» de la mayoría de estas «escuelas»,
y a demoler, en este caso, los ambientes que estaban al frente de
las mismas, como Guénon mismo declaró formalmente en una carta a
Noële Maurice-Denis (1) a propósito de «La Gnose».
Volveremos aquí nuevamente sobre las posibilidades de desarrollo dejadas de
lado en nuestro comentario al Documento confidencial
inédito para proponer una documentación, que también procede de
Guénon, concerniente a otro tema que tiene todas las apariencias de
ser espinoso para los ambientes antitradicionales: el de la
existencia, de la naturaleza y de la acción ejercida por aquellos
que la Masonería del siglo XVIII llamaba los Superiores Incógnitos,
sobre los que Guénon debatió desde las páginas del periódico «La
France Antimaçonnique», ya sea con la firma de «Le Sphinx», sea
también - en el caso del primero de los escritos que presentaremos
- sin ninguna firma.
Como recordábamos en la tercera parte de nuestro estudio sobre el Documento confidencial inédito (2), su
«autor» (cuya identidad, Jean Reyor, ha llegado a ser de dominio
público) encontraba, en lo concerniente a la colaboración de René
Guénon en la «France Antimaçonnique», que la misma resultaba
contradictoria con las posiciones de dicho periódico, porque
hablaba de esoterismo en una «revista, o más bien un diario ultra
católico, que tenía como objetivo combatir a todos los ocultismos [?!] y sociedades secretas, y era leído en los presbiterios y en
las sacristías»; cosa que dejaba «perplejo» a Reyor. En cuanto al
hecho de que Guénon, desde las páginas de la «France
Antimaçonnique» o en otras publicaciones, se ocupara de la
«R.I.S.S.» («Revue Internacionale des Sociétés Secrètes») y de
sus colaboradores, Reyor no escondía compartir el parecer de
«aquellos muchos admiradores de Guénon que en diversas épocas»
habían «expresado su sorpresa y su pesar al ver a este último
dedicar tanto tiempo y atribuir tanta importancia a polémicas con
publicaciones aparentemente tan poco serias y de tan reducida
difusión, tales como la "R.I.S.S." y "Atlantis" de Paul Le
Cour».
Respondiendo implícitamente a estas sucintas y ácidas afirmaciones
contenidas en el Documento confidencial inédito, Marie-France James,
como decíamos en nuestro comentario, daba un clamoroso mentís,
dedicando precisamente un cuarto de las cuatrocientas páginas de su
libro Esotérisme et Christianisme autour de René Guénon a las
relaciones entre R.Guénon y la «R.I.S.S.». Esto claramente quería
decir que las limitativas y mezquinas afirmaciones del autor del
Documento confidencial inédito con respecto a las relaciones Guénon –
«R.I.S.S.» estaban lejos de satisfacer acabadamente los propósitos
antitradicionales de los ambientes deliberadamente hostiles a las
posiciones de René Guénon y que al contrario, agregábamos, «estas
últimas no solo daban en el blanco sino que este blanco era el
"punto sensible" de una construcción fabricada con cuidado y
paciencia, y que los golpes que venía infiriéndole Guénon», con sus
escritos firmados como «Le Sphinx», «amenazaban con demoler
irreparablemente». Apuntamos ahora que, en las de más de cien
páginas consagradas por M.-F. James a los intercambios Guénon -
«R.I.S.S.», al menos treinta tienen como punto de referencia la
cuestión de los Superiores Incógnitos, cuestión que atormentó los
ambientes masónicos a partir del siglo XVIII y que aún hoy se
presenta como fuertemente enigmática e, históricamente, irresoluta,
al menos en cuanto a los «documentos escritos», sobre los que los
modernos se apoyan en forma excluyente.
Esta proporción - de un tercio sobre el total de las páginas
dedicadas al tema - es también un índice del interés otorgado a esta
cuestión específica en los ambientes antitradicionales, y por otra
parte la misma James confirma este interés con las siguientes
palabras: «Si no hemos creído conveniente sintetizar esta penosa
[pénible] [?] y ardua controversia, es por la simple razón que
constituye un documento único sobre la cuestión de los "Superiores
Incógnitos", que Guénon no retomará [ más ] en forma tan explícita
en la continuación de su obra, pero que, sin embargo, constituye un
eje esencial de la misma» (3). Por una vez no podemos dejar de
manifestarnos de acuerdo sobre el juicio de valor expresado por la
autora canadiense sobre la importancia de este tema, aunque no fuese
más que por lo que concierne a la forma iniciática masónica, solo
que nuestro parecer es diametralmente opuesto - cualitativamente -
a aquel que Marie-France James trata de inducir al lector de su
libro: esto es la total negación de cualquier idea de esoterismo
subyacente en la tradición occidental, según la interpretación,
moderna y antitradicional, como señalamos en la nota precedente, de
los actuales representantes de esta última forma tradicional.
A este tipo de conclusión tienden todas las citaciones (muy a
menudo extraordinariamente extensas) que M.-F. James con este
objetivo ofrece a sus lectores, en las distintas partes de su
trabajo dedicadas al desarrollo del argumento de los Superiores
Incógnitos, tomadas de los escritos de los impugnadores de René
Guénon que aparecían en la «R.I.S.S.», y a veces incluso con
respuestas de Guénon, naturalmente seleccionadas de manera tal que
no se contrapusieran demasiado peligrosamente a la propia tesis
negativa.
Esta última consideración, principalmente, es la que nos ha sugerido
ahora la idea de proporcionar a los lectores de la «Rivista di Studi
Tradizionali»
la oportunidad de juzgar por sí mismos las posiciones de «Le
Sphinx», facilitándoles la posibilidad de acercarse a los textos
integrales de Guénon sobre el tema de los Superiores Incógnitos con
una traducción respetuosa del espíritu que animó toda su obra; cosa
que no creemos haya sido realizada hasta el momento.
Queriendo reducir, por decirlo así, al extremo la compleja cuestión
debatida en los artículos que presentaremos (esto es, los argumentos
tratados ya sea en la «France Antimaçonnique» por «Le Sphinx», sea
en la «R.I.S.S.» por sus contradictores), se puede decir que de
esta última parte se hallan algunos personajes (dos de los cuales
son uno solo, al ser Martigue y Nicoullaud el mismo escritor que se
presenta con nombres distintos) que encaran el argumento de los
Superiores Incógnitos como si no fuesen otra cosa más que el
producto de una mistificación comparable con aquella otra, más
reciente, de los Mahâtmâ de la «Gran Logia Blanca», elaborada por
los «teosofistas» sobre la base de datos tradicionales más o menos
hábilmente manipulados (a falta de un verdadero conocimiento);
mistificación que los escritores de la «R.I.S.S.» atribuyen a la
Masonería del siglo XVIII, con lo cual la reducen a no ser otra cosa
que una forma de «ocultismo», o algo peor aún.
Por la otra parte sobresale «Le Sphinx», el cual, hablando con pleno
conocimiento de causa (como lo prueban algunas de sus afirmaciones)
del complejo de las cosas concretas sujetas a cualquier tipo de
iniciación (y por ello también a la forma iniciática masónica), de
manera realista, sostiene que los Superiores Incógnitos, por
cuanto extremadamente difíciles de reconocer salvo por los iniciados
auténticos, pueden muy bien haber sido «unos hombres de carne y
hueso», constituyentes «ciertas "jerarquías espirituales" cuyos
grados bien podrían ser ocupados por iniciados vivientes, como
vemos que sucede, en particular, en el esoterismo musulmán».
Si esta sumaria reconstrucción, con la que hemos querido sintetizar
el tenor del largo intercambio entre los colaboradores de la
«R.I.S.S.» y «Le Sphinx» para facilitar su comprensión global a los
lectores, pasa por alto un gran número de detalles que tienen por sí
mismos una gran relevancia, permite sin embargo darse cuenta como se
ponga de manifiesto, por un lado, la incompetencia en materia de
iniciación de los representantes de la mentalidad occidental, que a
menudo se ocultan detrás de una máscara pseudo-científica, y,
por el otro, la clara demostración (4) de un auténtico dominio de
las cuestiones tratadas.
De manera que, también en esta específica ocasión y desmintiendo
plenamente las futilidades de tipo eminentemente exotérico soltadas
a este propósito por Jean Reyor en el Documento confidencial
inédito, se puede afirmar sin ninguna duda que el «paso» de Guénon
a través de los ambientes de la «France Antimaconnique» obedeció
al criterio, que constantemente lo acompañó, de demoler el error
cada vez que se topó con alguna empresa antitradicional.
En el caso de este periódico, cuyo título pintaba de por sí el
espíritu que lo animaba (5), lo que se trataba de conjurar era el
poder negativo de ese prefijo «anti» del que se preciaba la
revista: si el mismo se adaptaba, con cierta propiedad y
justificación al estado de ánimo que motivaba a aquellos que se
atenían exclusivamente a algunas apariencias exteriores de la
Masonería, originadas en un cúmulo de errores y desvíos con los
que la habían cubierto en el transcurso del tiempo sus mismos
adherentes, no se correspondía sin embargo con la realidad profunda
de la forma tradicional masónica, propiamente iniciática; pero
¿quién, en Occidente, estaba dotado de la competencia requerida para
poder discriminar entre lo verdadero y lo falso en este campo sino
el ser que asumió en tal circunstancia la denominación, - ¡nunca
tan apropiada! - de «Le Sphinx»?
Fue, pues, este uno de los primeros cometidos visibles que asumió el
«joven» René Guénon, y ello sin que tuviera que escribir una sola
palabra de sabor encomiástico a favor de la organización que
representaba la forma iniciática masónica; una prueba de la puesta
en ejecución de este cometido inicial nos la ofrecen los artículos
que presentaremos.
Todo lo que se requiere, tanto hoy como ayer, para seguir el hilo -
también rigurosamente lógico - de las enunciaciones de Guénon sobre
los Superiores Incógnitos, es empero - naturalmente - poseer una
suficiente dosis de agudeza intelectual, de perseverancia en el
mantenerse atento al fluir de la exposición y, también esto es
axiomático, de interés por el tema tratado y de conciencia acerca de
su importancia.
Secundariamente haremos notar el completo dominio que el autor de
estas páginas demuestra poseer sobre los acontecimientos históricos,
sea que escriba con el nombre de «Le Sphinx» o sin nombre alguno:
aun este detalle - que erróneamente a algunos les podría parecer
insignificante - tiene para nosotros notable importancia.
Como afirman los taoístas chinos, «aun la verdad histórica no es
conclusiva más que cuando deriva del Principio»; pero cuando ella
- tal como se nos aparece al releer las páginas que aquí proponemos
a nuestros lectores - se presenta con estos requisitos, llega a ser,
a la par de todas las otras consideraciones que se sujetan a tal
ley, una de las fuerzas más potentes para la demolición de errores y
prejuicios.
Esta última afirmación puede parecer exagerada si se la aplica a los
escritos «juveniles» de Guénon, de los que se encontrará la
traducción en nuestra revista a partir del presente número; para
brindar una explicación exhaustiva y ayudar a comprender en qué modo
deban ser leídos tales escritos a fin de que sean entendidos según
todo su alcance y produzcan sus naturales consecuencias, nos
serviremos de una citación de la obra posterior del mismo Guénon.
Concluyendo su libro La Crisis del Mundo moderno (pág. 124 de la
reedición francesa de 1946; la primera edición se remonta a 1927)
éste decía, bien mirado con el mismo propósito: «[...] No hemos,
por otra parte, tenido la intención de agotar el argumento, de
tratarlo en todos sus detalles, ni de desarrollar completamente
todos sus aspectos sin excepción alguna; los principios en los que
nos inspiramos nos obligan por lo demás a presentar concepciones
esencialmente sintéticas, y no analíticas como las del saber
"profano"; solo que tales concepciones, precisamente por ser
sintéticas, van mucho más lejos, en el sentido de una verdadera
explicación, de cuanto pueda hacer un análisis cualquiera, que en
realidad no puede tener más que un simple valor descriptivo.
En todo caso, pensamos haber dicho lo suficiente como para permitir,
a quienes están en condiciones de comprender, de sacar por sí solos,
de todo cuanto hemos expuesto, al menos una parte de las
consecuencias que allí se hallan implícitamente contenidas; y deben
convencerse que tal trabajo les será mucho más provechoso de cuanto
lo sería una lectura que no dejase ningún espacio para la reflexión
y la meditación, a las que, por el contrario, hemos solamente
querido suministrar un apropiado punto de partida, un soporte
suficiente para elevarse por encima de la vana multitud de las
opiniones individuales».
| |
|