a cura di Heredom |
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De la fuente: Revista
de Estudios Tradicionales n.
3, Enero - Junio 2003
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Los deberes de la seriedad
Los deberes de la seriedad
R.E.T.
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No imaginábamos, por cierto, que pudiera llegar a ser tan
cabalmente acertado decir, come se hacia en la Nota con la
que abríamos el n° 2 (que nosotros titulamos «Ladran, Sancho,
señal que cabalgamos»), que la presencia de la «Revista» podía
«a veces, llevar a alguno a pensar en cosas sobre las cuales al
susodicho "moderador" [europeo] - de quien trataba la Nota
misma - no le haría gracia que se llamara la atención».
En cambio, esto es precisamente lo que parece haber acontecido -
sorpresiva y rápidamente -, y aquello de lo que se acusaba a la «Rivista»
italiana (esto es, de querer «extender su influencia sobre el
continente latinoamericano») es por el contrario exactamente lo que
la presencia de la versión castellana de la «Rivista» ha
involuntariamente permitido sacar a la luz que otros hacen, desde
bastante tiempo atrás, con visos que presumiblemente (e
inexplicablemente) «alguien» no quería que se pudieran llegar a
saber.
Sólo que, para la «Rivista» (sea cual sea, en lengua
española o italiana, no tiene importancia), la cosa es perfectamente
indiferente, a sabiendas que todo lo que se hace en aras de procurar
una aplicación y un desarrollo de las ideas contenidas en la obra de
René Guénon, la «Rivista» lo considera no solamente oportuno
sino sumamente deseable; conque, cabe preguntarse: ¿por qué no
participan de la misma actitud quienes juzgan no ser lícito para
otros lo que ellos mismos están tratando de hacer, y no sólo desde
ahora? Esta es una manera de proceder que nosotros no podemos evitar
de reputar característica - en el mejor de los casos - de una
mentalidad que puede definirse angostamente «exotérica»... Sin
contar con que, como puede verse, resulta bien difícil - salvo
cuando se «trabaje» realmente en lo profundo - que algo que se
quiere mantener escondido sin justificado motivo, no aparezca el día
menos pensado abierta y públicamente, revelando insospechadas
conexiones y dependencias.
En italiano suele decirse «il diavolo fa le pentole ma non i
coperchi», lo que, en buen español equivale, más o menos, a «el
diablo enseña a hacer el mal, pero no a encubrirlo»; mas, en el caso
de este proverbio se trata justamente del «diablo», y quisiéramos
que quienes se están conduciendo como ya han hecho a ver a todos,
reflexionaran que su manera, digamos «agresiva», de presentar las
cosas corre riesgo de justificar, para realidades que quisiéramos
que de su parte fueran al menos consideradas más «nobles», el empleo
de un lenguaje obsesivo que en Europa es típico tan sólo del...
mejor Pallavicini.
De todos modos, a lo que queríamos arribar con estas breves
observaciones, era a decir que lo que inicialmente estimábamos ser
el programa de esta naciente «Revista», en nuestras
intenciones esencialmente una «reposición» de los artículos de la
homónima italiana en su ritmo de sucesión temporal, será en cambio
modificado a partir de este número, en virtud de estos pequeños
acaecimientos, de los cuales no queremos aquí indagar la naturaleza,
de manera de enriquecer el citado repertorio de viejos artículos con
otros más recientes, que tengan en cuenta - a veces - de realidades
que se fueron manifestando más recientemente y que, aun refiriéndose
siempre a los mismos temas «tradicionales» de fondo, no dejan de
tener alguna relación con cosas que están sucediendo, o sucedieron
hace poco.
De esta ligera modificación los lectores eventuales habrán de dar
gracias a quien, más o menos imprudentemente y... alusivamente, la
ha estimulado.
Es probable que, a las veces, estos artículos atraigan sobre sus
autores y sobre la «Revista» la censura y la animosidad de
alguno, pero ese es el efecto natural que no puede dejar de resultar
del cumplimiento de los deberes de la seriedad. Y, por otra parte,
¿cual es el beneficio intelectual que puede derivar a quienes
sacrifican a esos ídolos efímeros a los que los modernos dieron el
nombre de «igualdad» y de «democracia»?
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