a cura di Heredom |
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De la fuente: Rivista di Studi Tradizionali n. 95,
Luglio - Dicembre 2002
Traducción: Revista de Estudios Tradicionales
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R.S.T.
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Uno de nuestros amables corresponsales nos comunica que uno de
los numerosos «sitios» telemáticos - en ciertos casos
inexplicablemente insolentes y a menudo muy superficiales - que
pretenden tratar de cuestiones «tradicionales» y de las
publicaciones que a ellas se refieren, se ha «amoscado» a causa de
que en la Argentina ha salido a la luz el primer número de la «Revista
de Estudios Tradicionales», que vuelve a presentar, en español,
el primer número de nuestra propia revista.
Al mismo tiempo que felicitamos a la dirección y a los
colaboradores de tal nueva «Revista» por su iniciativa,
esperando que su actividad no se limite a este trabajo de traducción
sino que con el tiempo se vaya enriqueciendo con estudios
procedentes de sus propias reflexiones y meditaciones sobre los
temas tradicionales, no podemos dejar de asombrarnos por la reacción
irritada de alguien que, ocupándose de esparcir por doquier la
expresión de su propio «sentir» «en tiempo real», como se dice hoy
en día con una locución algo estrafalaria, salga a sostener mientras
tanto que esta nueva publicación responde en cambio a una voluntad
«de la revista italiana» de «extender su influencia sobre el
continente latinoamericano» (ignorando sin más a España, la cual
podría resentirse por el descuido).
Queremos tranquilizar pues con esta Nota al autor de tal
infeliz observación (y a su desleal confidente argentino, quien,
hallándose sobre el terreno, estaba en condiciones de informarse por
su propia cuenta): la iniciativa de que se trata no nace de
nosotros, que ya tenemos bastante de que ocuparnos con nuestro
propio trabajo, sino de la buena voluntad de algunas personas, a
quienes agradecemos su amabilidad, que habiendo tenido la impresión
- cada cual se asume sus riesgos... - de que nuestras observaciones
sobre la obra de Guénon corresponden a veces mejor que otras al
espíritu de ésta, han por consiguiente solicitado a nuestra
dirección la autorización para traducirlas en su lengua.
Que en alguna oportunidad estas observaciones puedan llegar a
molestar a alguien, tal vez poco acostumbrado a verse contradicho,
somos los primeros ad admitirlo, pero se trata de algo que no
podemos remediar: así como el «moderador» del «sitio» de que
hablamos se considera autorizado a exponer las propias inmodestas...
elucubraciones a todo el mundo, así nosotros tenemos el derecho de
dejar exponer nuestras ideas a quienes las compartan; y no vemos
porqué, en lo que nos atañe, debería hablarse de una voluntad de
«extender nuestra influencia» a quienquiera, sin que volvamos las
tornas a lo que no es sino una maligna e infundada insinuación;
¡cómo si después de todo se tratara de algo reprensible o ilegítimo!
¿O no será, acaso, que la voz de la «Rivista» pueda, a veces,
llevar a alguno a pensar en cosas sobre las cuales el susodicho
«moderador» no le haría gracia que se llamara la atención?
Lo que expresamos es tan solo una sospecha que sus propias
palabras nos ha traído a la mente, pero lo que dice a continuación
está encaminado a confirmar que se trata de una sospecha más bien
justificada; en efecto, él agrega que «habría mucho que decir sobre
[nuestra] revista»: nadie se lo prohibe, y mucho menos nosotros. El
«moderador» ha encontrado, andando el tiempo, que el lenguaje de uno
de nuestros colaboradores de vez en cuando es «alusivo», como si se
tratara de una carencia de la cual deberíamos sentirnos culpables;
de una semejante «alusividad» no vemos mejor ejemplo que sus propias
palabras...
Prosiguiendo con su discurso... totalitario, el «moderador»
sostiene efectivamente que, después de la muerte de su fundador
nuestra revista se habría transformado en un «bastión» de los
estudios guénonianos y proclamado campeona de la ortodoxia. Aunque
no tenemos una gran confianza en su conocimiento del italiano, que
el «moderador» nos aduzca un solo ejemplo de cuanto va sosteniendo,
y no podremos más que darle razón; en su defecto, nos hallaremos en
la obligación de ver en sus propias aserciones la falta de que nos
acusa. Notamos además que, en buena lógica, de su discurso parecería
resultar que, antes de la muerte de que se habla, la «Rivista»
no fuera tal baluarte, y también sobre esto quisiéramos que el
«moderador» nos alegara algún ejemplo; ¡en efecto, de acuerdo con
sus palabras, parecería que antes de esa desaparición la «Rivista
di Studi Tradizionali» no se hubiera ocupado de esos estudios
según un criterio procedente del espíritu de la obra de René Guénon!
Para ajustarnos a sus propios términos, o bien la «Rivista»
es «un bastión» (lo que simplemente quiere decir que desarrolla
temas coherentes con la obra de Guénon) o bien no lo es, y de esto
quienes deben juzgar son los lectores, a los que - se convendrá -
las cosas siempre fueron dichas de nuestra parte sin fingimientos,
tanto en el campo de las ideas como en el de los hechos. O tal vez,
al «moderador» le vendría mejor que nuestra publicación se
transformara en una más inocua sucursal de imprenta, tal como lo es,
en el fondo, el «sitio» que el «modera» (y que en eso se asemeja a
muchos otros), cuyos colaboradores dan la impresión de sentirse
extrañamente orgullosos de este papel de correctores de pruebas al
cual se han reducido, probablemente pensando que al descubrir los
errores de imprenta en los escritos de los demás se pueda lograr
vencer de una vez lo que ellos deben vivir como una... competencia
inoportuna. ¿Pero qué tienen que ver con el objetivo intelectual que
propone la obra de René Guénon - les preguntamos - las «correcciones
de deberes» en las que consiste la mayor parte de su «trabajo»?
A menos que, aunque esto pueda resultar sorprendente para el
entendimiento de un observador normalmente constituído, pero ignaro
de estas cosas, las mismas no correspondan, junto a las demás
consideraciones que aparecen en este «sitio» y a la actitud general
que las subtiende, a una «misión» disuasiva vuelta a desviar a
todos aquéllos que se atrevan a abordar la obra de René Guénon,
moviéndolos a desistir del propósito de profundizarla, o por lo
menos de exponer las conclusiones a las que han llegado en el curso
del cumplimiento de ese «trabajo», ya sean ellas más, o menos,
adecuadas al espíritu que debe animarlo... La cosa no nos
sorprendería ni mucho menos, y constituiría una sucesiva, más
refinada y radical fase de las «nuevas técnicas de ataque» a dicha
obra, la primera de las cuales - aquélla a la que hasta ahora se
había dedicado Archè - ha demostrado ser evidentemente
inadecuada, o al menos insuficiente.
Estas palabras son quizá algo duras, pero, por una vez, el
«moderador» reconocerá que ellas no son «alusivas»; por lo que se
refiere al ejemplo, que ha aportado, del artículo de Balestrieri,
que se jacta de haber demolido hace algún tiempo (desmentido en eso
por su misma «audiencia»), si de veras lo desea podríamos ser
igualmente directos, mas en tal caso no estaríamos en condiciones de
tranquilizarlo sobre cuanto habría de lucirse frente a sus lectores.
En lo que concierne, en fin, a la «serenidad» y a la
«imparcialidad», que el mismo atribuye evidentemente a su «sitio»
(?) negándolas a nuestra «Rivista», solo podemos invitarlo a
reflexionar acerca del hecho de que los estudios a los que tiene la
pretensión de dedicarse, desdichadamente muy poco tienen que ver, en
esta época atormentada, con el... humorismo.
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