a cura di
Heredom
De la fuente:
Rivista di Studi Tradizionali
n. 77, Luglio - Dicembre 1993

Traducción:
Bernardo Durante

 

El Cielo estrellado

El Cielo estrellado

 

 

Bruno Rovere

 

  1. La mayor parte de los datos concernientes a los antiguos «Catecismos» masónicos citados en este estudio han sido tomados de la obra de Harry Carr The Freemason at work, Londres, 1977.
  2. Symboles fondamentaux de la Science sacrée, pág. 253, nota I; pág. 214, nota 7 (ed. it.).
  3. Symboles fondamentaux de la Science sacrée, pág. 212, nota 2; pág. 180, nota 5 (ed. it.). 
  4. L’homme et son devenir selon le Vêdânta, pág. 103.
  5. Una breve alusión al simbolismo metafísico del Cielo nocturno se encuentra en Etudes sur l’Hindouisme, pág. 250.
  6.  «La cadena de unión», cap. LXV de Símbolos de la Ciencia sagrada.
  7. L’Ésotérisme de Dante, pág. 47, nota 2.
  8. L’Ésotérisme de Dante, pág. 12.
  9. L’Ésotérisme de Dante, pág. 24.
  10. Études sur la Franc-Maçonnerie, tomo II, pág. 304, nota 19.
  11. Rev. John T. Lawrence: High-ways and by-ways of Freemasonry, pág. 259 y siguientes, ed. 1945.
  12. En el Cuadro de Logia diseñado por Harris, la Escalera termina en la Luna rodeada de 7 estrellas; en otras versiones del Cuadro de Logia, la meta es a veces diferente: en el diseñado por Jefferies, por ejemplo, es la constelación de la Osa.
  13. Aperçus sur l’initiation, págs. 250 y 252.
  14. Symboles fondamentaux de la Science sacrée, pág. 180; pág. 148 (ed. it.).
  15. Aperçus sur l’initiation, pág. 65.
  16. Le Roi du Monde, pág. 61; págs. 70-71 (ed. it.).
  17. Symboles fondamentaux de la Science sacrée, pág. 141; pág. 113 (ed. it.).
  18. La Grande Triade, pág. 205; pág. 200 (ed. it.).
  19. «Operative Free Masons and operative Free Masonry», en «Transactions of the Lodge of research N° 2429», Leicester, 1911-1912, págs. 128-129
  20. Symboles fondamentaux de la Science sacrée, pág. 140; pág. 112 (ed. it.)
  21. Le Roi du Monde, pág. 19; pág. 23 (ed. it.)
  22. Études sur la Franc-Maçonnerie, Tomo II, pág. 178.
  23. Obviamente, con este adjetivo no debe entenderse, como alguno podría pensar, una restauración «profesional» o que reúna estas solas características, sino esencialmente una restauración según el sentido de la palabra «operativo», que de manera muy clara trazaba sintéticamente R.Guénon en el capítulo «Opératif et speculatif» de Aperçus sur l’Initiation (pág. 195): «[...] la palabra “operativo” no debe ser considerada [aquí] como un exacto equivalente de “práctica”, puesto que este último término se refiere siempre a la “acción” (lo que, por lo demás, se halla en estricta conformidad con su etimología), por lo cual el mismo no podría en este caso usarse sin equívoco o impropiedad; en realidad se trata de ese “cumplimiento” del ser que es la “realización” iniciática, con todo el conjunto de los medios de diferente tipo que pueden ser empleados en vista de tal finalidad [...]» [la cursiva es nuestra]..
  24. Le Roi du Monde, págs. 68-69; págs. 80-81 (ed. it.).
«Cielo estrellado» es el nombre que, en Italia, se da al techo tachonado de estrellas que decora muchos templos masónicos, tanto en las obediencias latinas como en las anglosajonas. En estas últimas, a veces, el techo no está decorado en forma de cielo estrellado (starry-decked heaven) sino como cielo cubierto de nubes, y en tal caso se lo llama clouded canopy, bóveda o baldaquín nublado. Los rituales «especulativos» no traen ninguna referencia sobre este símbolo, y esto quizá pueda explicar porque en varios templos falte del todo. Sin embargo, se pueden encontrar numerosas menciones de él en los «catecismos» y también en algunas «instrucciones» (lectures).

El Manuscrito Dumfries N. 4, que data aproximadamente del año 1710 y es, por ende, anterior a la creación de la Gran Logia de Inglaterra, trae las siguientes preguntas:
D. ¿Qué altura tiene vuestra Logia?
R. Innumerables palmos y pulgadas.
D. ¿Cuánto innumerables?
R. Los Cielos materiales y el firmamento estrellado.

Análogamente, el Manuscrito Trinity College de Dublín, que data del año 1711, trae la pregunta:
D. ¿Cuán alta es vuestra Logia?
R. Tan alta como las estrellas, innumerables pulgadas y pies.

Pasando a fuentes «especulativas», en Masonry Dissected de Samuel Prichard, de 1730, encontramos la siguiente pregunta:
D. ¿Qué cobertura tenéis en la Logia?
R. Una bóveda cubierta de nubes de diferentes colores.

En Francia, Perau, en Le Secret des Francs-Macons, publicado en 1742, menciona un «Dais parsemé d’étoiles» en la descripción del Cuadro de Logia. L’Ordre des Francs-Maçons Trahi, de 1745, repite la bóveda estrellada del texto de Perau, y en el «catecismo» se menciona la Logia cubierta por una bóveda celeste, adornada de estrellas doradas. En la segunda edición de La Désolation des Entrepreneurs (1747) el autor, Louis Travenol, incluye la siguiente pregunta-respuesta, que había sido omitida en la primera edición:
D. ¿Con qué está cubierta [la Logia]?
R. Con un baldaquín celeste, adornado de estrellas.

Le Maçon Démasqué, de 1751, trae una pregunta-respuesta análoga:
D. ¿Con qué está cubierta vuestra Logia?
R. Con un baldaquín celeste [de color] azul, adornado de estrellas doradas.

Volviendo a Inglaterra, la «Bóveda cubierta de nubes» reaparece en 1760 en los Three Distinct Knocks, que refiere los usos de los Antients y también en el J&B de 1762, que refiere los usos de los Moderns, pero en ninguna de las dos divulgaciones se mencionan las estrellas.

Más completo es el Catecismo de Compañero de Guillemain de Saint-Víctor, publicado en 1787:
D. Quelle forme a-t-elle?
R. Un carré long.
D. Quelle longueur?
R. De l’Orient à l’Occident.
D. Sa largeur?
R. Du midi à septentrion.
D. Sa hauteur?
R. Des coudées sans nombre.
D. Sa profondeur?
R. De la surface de la terre au centre.
D. De quoi est-elle couverte?
R. D’un dais celeste parsemé d’étoiles.

Finalmente, en las «instrucciones» utilizadas en el rito Emulation se encuentran las siguientes referencias: (Primera instrucción, cuarta sección) «Él ha desplegado los Cielos como un baldaquín; Él ha asentado la Tierra como una banqueta; Él corona Su Templo con Estrellas a modo de diadema, y con Su Mano extiende su fuerza y su gloria»; (Segunda instrucción, segunda sección) «Amén del Sol y de la Luna, el Omnipotente se ha complacido en decorar la concavidad etérea con una multitud de Estrellas, a fin de que el hombre, que Él entendía crear, pudiese contemplarlas y admirar así la Majestad y la Gloria de su Creador[...]» (1).

De los «Catecismos» antes citados, y en particular del de Guillemain de Saint Victor, surge claramente que la presencia del «Cielo estrellado», definido como la «Cobertura» de la Logia, indica que ésta es considerada un símbolo del Cosmos. En apoyo de esta afirmación se puede citar el siguiente pasaje de René Guénon: «Recordamos que la “Logia de San Juan”, por más que no sea asimilable simbólicamente a la caverna, sin embargo es, al igual que ésta, una figura del “cosmos”; la descripción de sus “dimensiones” resulta particularmente clara al respecto: su longitud se extiende “de Oriente a Occidente”, su anchura “desde el Mediodía hasta el Septentrión”, su altura “desde la Tierra hasta el Cielo”, y su profundidad “desde la superficie de la tierra hasta su centro”. Vale la pena observar, como analogía bastante notable en lo que concierne a la altura de la Logia, que, según la tradición islámica, la ubicación de una mezquita se considera consagrada, no sólo sobre la superficie de la tierra, sino desde ahí hasta el “séptimo cielo”». (2).

En este sentido, la designación de «Logia» se asemeja al término sánscrito Loka («mundo») y René Guénon reconocía la exactitud simbólica, más que etimológica, de dicha semejanza. (3).

Los Cielos, esto es «el conjunto de las esferas luminosas superiores», representan a «los estados superiores del ser» (4) y por eso la presencia de un símbolo del Cielo en Logia podría indicar el conjunto de los estados informales o angélicos; pero en el caso específico del símbolo masónico que estamos examinando no se trata del Cielo simplemente, sino del Cielo estrellado. Ahora, si en el lenguaje corriente «Cielo estrellado» es una expresión usada para designar al Cielo nocturno (5), tal como éste se presenta en condiciones de normal visibilidad, en el lenguaje específicamente astronómico la expresión «Cielo estrellado» se usa para designar en particular al octavo Cielo, el «Cielo de las estrellas fijas» o Firmamento. Se trata del cielo que ocupa una posición intermedia entre los siete Cielos planetarios, inferiores a él, y el Cielo sin estrellas que lo domina y abarca; el Cielo de las estrellas fijas está caracterizado por innumerables estrellas, a menudo agrupadas en forma de constelaciones, entre las cuales las más conocidas son las doce constelaciones zodiacales. ¿Pero el símbolo masónico se refiere al Cielo estrellado en su totalidad o tan sólo a una parte de él?

Mientras que por lo que atañe a las Logias «especulativas» anglosajonas esta pregunta no tiene mucho sentido, ella resulta pertinente en las Logias «especulativas» latinas, puesto que en éstas se halla a menudo representada, en la base del Cielo estrellado, una cuerda intercalada con nudos que los Masones franceses llaman «houppe dentelée», pero que también se conoce como «Cadena de Unión». Ahora, según la interpretación que de este símbolo da René Guénon, la Cadena de Unión es un emblema del Cuadro del Cosmos, esto es del Zodíaco (6); pero si el Zodíaco ya se encuentra representado en la base de la bóveda del templo hay que deducir que el Cielo estrellado simboliza en la Masonería sólo una parte restringida y bien definida del octavo Cielo. Antes de seguir ahondando este argumento, sin embargo, convendrá agregar algunas consideraciones sobre el simbolismo astronómico en Masonería.

EEn la mayor parte de las Old Charges operativas, desde el siglo XIV en adelante, se citan las Siete Artes Liberales, donde la Astronomía ocupa en general el séptimo grado, con excepción del solo Manuscrito Regius, que le asigna el quinto lugar. Uno de los diez Libros dedicados por Vitruvio a la Arquitectura está consagrado por entero a la Astronomía, a demostración de que esta ciencia constituía un elemento indispensable de los conocimientos necesarios para que un arquitecto pudiera ejercer su oficio, o «ministerio». No en vano Sir Christopher Wren, último Gran Maestro de la Masonería operativa y arquitecto de decenas de edificios religiosos y laicos de Londres, antes de dedicarse al arte de la construcción fue un astrónomo, y por añadidura ilustre.

A la Astronomía, considerada como una de las siete Artes (o Ciencias) Liberales, se aplican las siguientes afirmaciones de René Guénon respecto de las ciencias tradicionales, cuyo interés se ve mantenido solamente «en función del conocimiento principial, o sea en la medida en que, por un lado, ellas lo reflejan en uno u otro dominio contingente, y, por el otro, son capaces de conducir hacia este mismo conocimiento principial [...] Estas son las dos funciones complementarias que pertenecen propiamente a las ciencias tradicionales: por un lado, como aplicación de la doctrina, ellas permiten vincular entre sí a todos los órdenes de la realidad e integrarlos en la unidad de la síntesis total; por el otro, ellas son, al menos para algunos y de acuerdo con sus aptitudes, una preparación para un conocimiento superior [...] y constituyen en tal caso otros tantos escalones por medio de los cuales es posible ascender hasta la intelectualidad pura». En nota René Guénon agregaba: «En nuestro estudio sobre El esoterismo de Dante hemos indicado el simbolismo de la escalera, cuyos escalones, según varias tradiciones, corresponden a ciertas ciencias y simultáneamente a estados del ser, lo que implica necesariamente que dichas ciencias [...] permitían una transposición que les confería un alcance verdaderamente iniciático».

A propósito del viaje iniciático de Dante también se precisaba que la realización del estado primordial no constituye sino la base «sobre la cual el ser ha de apoyarse para subir a las estrellas, o sea para elevarse a los estados superiores, que están representados en el lenguaje astrológico por las esferas planetarias y estelares, y en el teológico por las jerarquías angélicas. Es notable que las tres partes del poema terminen con la misma palabra “estrellas”, como si se quisiera manifestar la muy especial importancia que revestía para Dante el simbolismo astrológico. Las últimas palabras del Infierno, “volver a ver a las estrellas”, caracterizan el retorno al estado humano en sentido propio, desde donde es posible percibir como si fuera un reflejo de los estados superiores; las del Purgatorio son las mismas que hemos explicado aquí. En cuanto al verso final del Paraíso: “el Amor que mueve al Sol y a las demás estrellas”, designa el punto final del viaje celeste, el centro divino que está más allá de todas las esferas, y que es, según la expresión de Aristóteles, el motor inmóvil de todas las cosas»  (7). Los cielos no representan por lo tanto sólo los estados superiores, sino «jerarquías espirituales, es decir grados de iniciación» (8); en particular, «el octavo Cielo del Paraíso, el Cielo estrellado (o de las estrellas fijas), es el Cielo de los Rosacruces» (9).

El Cielo estrellado en Logia no constituye pues solamente su «cobertura», sino también una meta que el iniciado debe aspirar a alcanzar. En el «catecismo» americano de Duncan, en la tercera sección de la primera «instrucción», se encuentra la siguiente pregunta-respuesta:
D. ¿Qué cobertura tiene una Logia?
R. Una bóveda (canopy) cubierta de nubes, un cielo estrellado, donde cada buen masón espera llegar.

A esta «ascensión» se refiere también otro símbolo, que aparece en el Cuadro de Logia de Aprendiz de las Logias anglosajonas: la Escala de Jacob, que desde el Libro de la Ley Sagrada se eleva hacia el cielo. La Escala de Jacob a menudo está representada con tres escalones solamente, pero al respecto René Guénon compartía (10) llas siguientes afirmaciones del Rev. Lawrence: «[...] “La cobertura de nuestra Logia es una bóveda celeste de varios colores, que incluye los cielos. Nosotros esperamos llegar al vértice (summit) por medio de una escalera, conocida en la Logia como la Escala de Jacob. Ella se compone de tantos peldaños o esferas (rounds) como para comprender todas las virtudes morales, pero hay tres principales, esto es la Fe, la Esperanza y la Caridad”. Así reza la “instrucción” del primer grado[...]. Pese a que en la instrucción no esté especificado el número exacto de los peldaños de la escalera se acostumbra considerarlos como siete [...]» (11). Los siete peldaños de la Escala de Jacob no sólo representan las tres virtudes teologales y las cuatro cardinales, sino también las siete Ciencias Liberales, correspondientes a su vez a los siete Cielos planetarios: no se puede alcanzar el Cielo estrellado, u octavo Cielo, sin pasar a través de los siete Cielos Planetarios (12).

El «Cielo estrellado» puede ser, pues, considerado tanto un símbolo de la «cobertura» de la Logia como un símbolo del grado iniciático a lograr. Estos dos significados, lejos de contradecirse, pueden, por otra parte, integrarse en un tercer significado: la Logia masónica, donde se trabaja de ordinario en la realización de los «pequeños misterios», se halla a «cubierto» sólo cuando sea jerárquicamente dependiente de los «grandes misterios». René Guénon señalaba al respecto que «el conocimiento metafísico puro pertenece propiamente a los “grandes misterios”, y el conocimiento de las ciencias tradicionales a los “pequeños misterios”; dado que el primero es por otra parte el principio de donde derivan necesariamente todas las ciencias tradicionales, resulta también que los “pequeños misterios” dependen esencialmente de los “grandes misterios” y tienen en éstos su mismo principio», agregando poco más adelante que «es sólo en el ámbito de los “pequeños misterios” que pueden producirse desviaciones», las que «presuponen que el enlace normal con los “grandes misterios” haya sido interrumpido de suerte que los “pequeños misterios” acabaron por ser tomados en sí mismos como fines; y en estas condiciones ellos no pueden más conducir realmente a su término [...] [la cursiva es nuestra]» (13).

Luego de esta aparente digresión, podemos ahora examinar mejor la cuestión de si el Cielo estrellado representa en Logia solo una parte del octavo Cielo. La respuesta podría buscarse en las estrellas que aparecen en el techo del Templo. En las Logias anglosajonas, donde falta la «Cadena de Unión», a veces aparecen las constelaciones zodiacales, pero en las Logias continentales su representación sería una inútil duplicación de la «Cadena de Unión». Una respuesta segura nos la proporciona una vez más René Guénon, quien decía: «La Osa Mayor por lo demás se halla todavía representada en la actualidad en el techo de muchas Logias masónicas, incluso especulativas». La presencia de la Osa Mayor indica que el Cielo estrellado comprende esa parte de Cielo septentrional que se halla delimitado en la base por el zodíaco y en su vértice por la Estrella Polar. En muchos Cuadros de Logia continentales, la Luna, colocada a Septentrión, está rodeada por siete estrellas, a veces subdivididas en un ternario y un cuaternario, en el que no es difícil reconocer una representación de la Osa Mayor. A propósito de esta última, René Guénon precisaba: «En la misma tradición hindú el nombre más habitual de la Osa Mayor es sapta-riksha; y el término sánscrito riksha es el nombre del oso, lingüísticamente idéntico al que éste tiene en otras lenguas: el céltico arth, el griego arktos, y también el latino ursus [...]. En efecto, riksh es también, en general, una estrella, vale decir en definitiva una “luz” [...]; y, por otro lado, el sapta-riksha es la morada simbólica de los siete Rishi, los cuales, amén de que su nombre se refiere a la “visión”, por consiguiente a la luz, son también las siete “Luces”, por cuyo intermedio fue transmitida al ciclo actual la Sabiduría de los ciclos anteriores. - [en nota] Se observará la perduración de estas “siete Luces” en el simbolismo masónico: la presencia de un mismo número de personas que las representen resulta necesaria para la constitución de una logia “justa y perfecta”, así como para la validez de la transmisión iniciática» (14).

Si, entonces, el Cielo estrellado puede indicar los «grandes misterios», la presencia de la Osa Mayor puede significar, más precisamente, la necesidad de una conexión con la tradición primordial o con el Centro espiritual que es su depositario en nuestro mundo (15). Por otra parte, el mismo término Cielo se relaciona con dicho significado: «[...] una raíz que designa todo lo que está escondido, cubierto, envuelto, silencioso, secreto; nótese que las palabras que designan el cielo tienen primitivamente este mismo significado. Habitualmente se pone en correlación Coelum con el griego koilon, cóncavo, [...] pero hay que decir también que la forma más antigua y correcta parece ser caelum, que recuerda de cerca la palabra caelare, “esconder”. Por otra parte, en sánscrito, Varuna deriva de la raíz var, “cubrir”; [...] y el griego Ouranos no es sino otra forma del mismo nombre, var pudiéndose cambiar fácilmente en ur. Estas palabras pueden entonces significar “aquello que cubre”, “aquello que esconde”, pero también “aquello que está escondido”, y en este último caso hay un doble significado: se trata de lo que se esconde a los sentidos, el dominio suprasensible; y se trata también, en los períodos de ocultación u oscurecimiento, de la tradición que deja de manifestarse exterior y abiertamente, el mundo celeste convirtiéndose entonces en “mundo subterráneo”.- [en nota] A propósito del significado de “cubrir”, es preciso recordar también la expresión masónica “estar a cubierto”: el techo estrellado de la Logia representa la bóveda celeste» (16).

Podemos considerar ahora más atentamente el símbolo de la Estrella Polar, centro y vértice de la bóveda estrellada, recordando que, para René Guénon, «la teoría polar ha sido siempre uno de los más grandes secretos de los verdaderos maestros masones» (17). Esta última expresión no se refiere al tercer grado de la Masonería especulativa sino al séptimo de la operativa: por eso, para profundizar este tema hay que referirse a la tradición operativa. Las fuentes a las que se puede recurrir son muchas y de valor desigual y esto requiere algunas precisiones.

En Inglaterra existe todavía una organización iniciática conocida como «Worshipful Society of Free Masons, Rough Masons, Wallers, Slaters, Paviors, Plaisterers and Bricklayers» o, más brevemente, como «los Operativos», accesible tan sólo a los hombres, que afirmó ser la organización de la cual nació cismáticamente en 1717 la Gran Logia de Inglaterra. En 1908, las máximas autoridades de la organización autorizaron a algunos miembros, entre los que se encontraba Clement Stretton, a exhibir públicamente informaciones concernientes a esta antigua Orden. Así es que fueron publicados un opúsculo, titulado Tectonic Art, y varios artículos en revistas masónicas, entre otras en la revista «The Co-Mason», fundada en 1909 y órgano de la Federación británica de la Orden de la Co-Masonería «Le Droit Humain»; en 1925 esta revista, dirigida por una mujer, A. Bothwell-Gosse, cambió su nombre por «The Speculative Mason». En el mismo año se constituyó la Orden (irregular) de la «Masonería Antigua, Libre y Aceptada para Hombres y Mujeres» (AFAM), que adoptó como modelo el ritual y la organización de los «Operativos». En 1949, a la muerte de A. Bothwell-Gosse, la dirección de la revista y de la Orden pasó a otra mujer. M. C. Debenham. Gran parte de la documentación sobre los «Operativos», aunque basada en la correspondencia privada de Stretton y de otros miembros de la «Worshipful Society», fue consecuentemente publicada en esta revista merced a los buenos oficios de mujeres, miembros de la AFAM.

Una fuente más directa y atendible, además de los pocos escritos «públicos» de C. Stretton, está representada por algunos artículos y libros redactados por otros miembros de la «Worshipful Society», entre quienes se hallan John Yarker, Thomas Carr, Robert Grant y Charles Merz, secretario de la Sociedad para América del Norte y autor de un libro de más de 470 páginas, Guild Masonry in the making. Por su parte, René Guénon se refirió a menudo a los artículos aparecidos en The Speculative Mason, pero su conocimiento de la tradición operativa verosímilmente no provenía de las fuentes hasta aquí citadas, sino de su vinculación directa con una organización de «Maestros en todos los grados, cuya tradición oral se remontaba a la época artesanal de la Masonería francesa», como precisó Vreede en 1973. Los artículos en cuestión, por lo tanto, quizá representaron tan sólo la ocasión para hacer públicas algunas enseñanzas de las que no hubiese podido o querido de lo contrario revelar la fuente: esto explicaría también el hecho de que sobre algunos puntos, en verdad no muchos, la enseñanza de René Guénon se encuentra en contraste con lo referido directa o indirectamente por los «Operativos» ingleses.

Aclarado esto, consideremos ahora lo que dice René Guénon respecto al símbolo de la Estrella Polar en la Masonería operativa: «[...] según algunos de estos rituales, la letra G está representada en el centro de la bóveda, precisamente en el punto que corresponde a la Estrella polar; una plomada, colgante de la letra G, cae directamente en el centro de una swástica delineada sobre el pavimento, swástica que representa así al polo terrestre: es la plomada del “Gran Arquitecto del Universo” que, colgando del punto geométrico de la “Gran Unidad”, desciende desde el polo celeste al polo terrestre, y de esta manera representa al “Eje del Mundo”» (18). La Estrella Polar no estaba por lo tanto representada como tal, sino que en su lugar figuraba la letra G. Hay que señalar que en la Masonería operativa anglosajona existían «cámaras» distintas para cada grado, y que solamente en la del séptimo grado, esto es en la «cámara» de los tres Maestros, colgaba una plomada de la letra G; esto corresponde a la afirmación antes citada: «la teoría polar ha sido siempre uno de los más grandes secretos de los verdaderos maestros masones».

En un breve artículo publicado en «The Co-Mason» en 1913, obra de un anónimo Maestro de VII grado, en donde se hallan descriptos y representados fotográficamente los instrumentos de trabajo presentes en la «cámara» de VII°, la swástica aparece efectivamente colocada sobre el pavimento delante del Altar: «La swástica puesta sobre el pavimento y que lleva asimismo sobre su pecho cada Maestro representa la marca o símbolo del G.A.D.U. mismo. Por sobre el centro del altar desciende, en la Logia masónica, una plomada desde la G, la Estrella Polar, la morada o sede de Dios». Según esta versión la plomada no cuelga sobre la swástica sino sobre el Altar; según otra versión, referida por un miembro de la «Worshipful Society», Thomas Carr, que era médico de la Guilda, la swástica «se constituye» sobre el altar mediante la yuxtaposición de cuatro escuadras: «Cuando los tres Maestros Masones de una Logia operativa [de la Guilda azul de la Escuadra] se reúnen, cada uno empuña una escuadra[...], una cuarta escuadra se coloca sobre el Libro de la ley Sagrada. Cuando abren una Logia de VII° grado, estas cuatro escuadras se reunen de manera de formar una swástica. Primero es saludado El Shaddai, el Altísimo, luego la Estrella Polar. Cuando el Masón operativo es constituído VII, o Maestro Masón, se le explican la swástica y su simbolismo, y le es revelado que Dios Omnipotente, el Sol oculto en el centro, en torno al cual se ordena el mundo celeste, no es el orbe solar sino la Estrella Polar. El nuevo tercer Maestro Masón debe bajar a la cámara central que se halla por debajo del piso de la Logia; se le dice que lleve sus ojos al cielo y mire la plomada que pende en la cámara donde se encuentra. En la extremidad de donde cuelga de la plomada ve la Estrella del Cielo, la Estrella Polar, el “Yo soy” [Eheieh], la G en el techo, y se lo intima a adorar. Se le dice además que la plomada desciende de la Estrella Polar, que la swástica es su símbolo, y representa a El Shaddai o el Altísimo mismo» (19).

Antes de comentar esta larga cita nos parece oportuno referir aún dos afirmaciones de René Guénon a propósito de la swástica: «[...] swástica, símbolo [...] de la Estrella Polar, que a su vez es el símbolo y, para el masón operativo la sede efectiva, del Sol central oculto del Universo, Yah» (20), «el centro de que se trata es el punto fijo que todas las tradiciones convienen en designar simbólicamente como el “Polo”, porque es a su alrededor que se efectúa la rotación del mundo representada generalmente por la rueda [...] Tal es el verdadero significado de la swástica, símbolo que encontramos difundido por doquier, desde el Extremo Oriente al Extremo Occidente, y que es esencialmente el “signo del Polo”. Su verdadero sentido se da a conocer aquí ciertamente por vez primera en la Europa moderna» (21).

Se observará, ante todo, que los masones operativos no habían olvidado el significado «polar» de la swástica. En segundo lugar, hay que relevar que mientras la Estrella Polar puede identificarse habitualmente sólo con la ayuda de la constelación del Carro o de la Osa, el Maestro operativo de VII° «veía» directamente la estrella polar, siguiendo con la mirada el hilo de donde colgaba la plomada que a través de una abertura en el pavimento bajaba hasta la «cámara» subterránea, iluminada por un «rayo de luz» que provenía de una lámpara azul instalada en el techo de la cámara superior, en el punto donde se hallaba representada la letra G.

El Maestro masón operativo se encontraba, por lo tanto, en una posición central simbólicamente correspondiente al Polo terrestre y vinculada al Polo celeste por medio de la plomada, que representa al Eje del Mundo. La denominación de «Cámara del medio» resultaba bien apropiada, pues, para la cámara de VII. El «punto» más importante del Cielo estrellado, para el Maestro operativo, era entonces la Estrella Polar, en torno a la cual la Osa Mayor, que tiene grosso modo la forma de una escuadra, trazaba en su revolución la forma de una cruz gamada o swástica celeste.

Recordando, por último, la correspondencia establecida por René Guénon entre los Cielos y la jerarquía iniciática, se puede afirmar que durante su iniciación al VII° grado el masón operativo tomaba virtualmente conciencia de la relación con el Polo mismo. En la Masonería especulativa el lugar de la Estrella Polar, que, recordamos, no se hallaba representada como tal en el techo de una Logia operativa, ha sido tomado por la «Estrella flamígera» (blazing star). Esta última se encuentra mencionada por primera vez en 1730 en Masonry dissected, y se la interpreta comúnmente como símbolo del Sol, tanto en las «instrucciones» inglesas como en los «catecismos» continentales; el «Catecismo» de Guillemain de Saint Víctor trae, por ejemplo, las siguientes afirmaciones: «L’étoile flamboyante, le centre d’oú part la vraie lumière [...] L’étoile flamboyante est le symbole du soleil de l’univers».

René Guénon no compartía esta afirmación, y en una de sus últimas reseñas precisó lo siguiente: «[...] el significado de la Estrella flamígera es ante todo microcósmico, y hay casos en los que aun no cabría otro, como cuando se encuentra representada entre la escuadra y el compás (cf. La grande Triade, cap. XX). Por otra parte, cuando nos colocamos desde el punto de vista específicamente cósmico, la identificación bien extraña de la Estrella flamígera con el sol constituye otra deformación, que por lo demás ha sido quizá intencional, puesto que la misma está manifiestamente relacionada con la modificación de un simbolismo primitivamente polar en otro solar; en realidad, la Estrella flamígera no puede ser identificada, en este sentido, más que con la Estrella Polar, y la letra G inscrita en su centro constituye, por otra parte, una prueba suficiente de esto, como nosotros mismos hemos tenido la ocasión de señalar, y como confirman ahora las consideraciones expuestas en el estudio de The Speculative Mason que hemos mencionado más arriba» (22). Por otro lado, la expresión ritual «he visto la estrella flamígera» se refiere manifiestamente al ritual de iniciación al VII° grado operativo, en el que el Maestro «veía» la Estrella Polar. La plomada colgante de la letra G ha sido abolida en los rituales «especulativos», pero en su lugar se halla ahora un símbolo axial que no existía en los rituales operativos: la Escala de Jacob, representada en el Cuadro de Logia. En cuanto a la swástica, no ha quedado nada de ella en los rituales especulativos a excepción de un «signo»; para los «operativos» de la Worshipful Society cada uno de los grados tenía un «talismán» constituído por un número de escuadras equivalentes al número del grado: las escuadras estaban dispuestas a manera de brazos de la swástica, y uno de los «signos del grado» que todavía hoy usan los «especulativos» implica precisamente que el iniciado disponga sus brazos en una posición equivalente a los brazos de la swástica.

La comparación entre lo que ha quedado de la tradición «operativa» y cuanto poseen hoy los «especulativos» basta para dar una idea de la degeneración sufrida por la organización masónica y para dar a entender la necesidad de esa restauración «operativa» (23) ttantas veces auspiciada por René Guénon. Las consideraciones hasta aquí expuestas llevan a concluir que, para que una Logia se halle efectivamente «a cubierto», no es suficiente una barrera respecto del mundo profano, sino que es indispensable la «cobertura» de los Grandes Misterios, simbolizada justamente por el Cielo Estrellado: «El período actual es, pues, un período de oscurecimiento y confusión; sus condiciones son tales que, mientras persistan, el conocimiento iniciático debe necesariamente permanecer oculto, de donde el carácter de los “Misterios” de la antigüedad “histórica” [...] y de las organizaciones secretas de todos los pueblos: organizaciones que confieren una iniciación efectiva allí donde subsiste aún una verdadera doctrina tradicional, pero que no ofrecen más que una sombra de la misma cuando el espíritu de esta doctrina ha dejado de vivificar los símbolos que son sólo su representación exterior, y esto porque, por diversas razones, todo vínculo consciente con el centro espiritual del mundo se ha cortado; tal es el significado más específico de la pérdida de la tradición, ese concerniente en particular a determinados centros secundarios que dejan de hallarse en relación directa y efectiva con el centro supremo» (24).